Alguna vez leí que Lewis Carroll invitaba a darle la misma importancia a la comida como a la tarea de alimentar la mente, las dos son necesidades básicas para la subsistencia del ser humano. Desde mi óptica, estoy cierto de la esencia tripartita que propone Aristóteles y le agrego una, la emocionalidad. Esto es, el cuerpo, la mente, las emociones y el espíritu. Todas necesitan tratamiento. Este artículo tiene como único objetivo, motivarte hacia la práctica de llevar a la mano una libreta, en la que -por costumbre- harás anotaciones de todo tema, buscando drenar aquello que tenga que ser expresado; entonces, conseguirás saciar tres de las áreas que configuran nuestro ser. Es más, como efecto secundario, la somatización -el proceso psíquico que influye en la salud corpórea- reaccionará de manera positiva, nivelando así las cuatro partes de nuestra integridad.

La escritura -sin ser necesariamente literaria- es una herramienta infalible para el disfrute de una persona. Acompáñate a caminar con una especie de diario, crea momentos oportunos para dejar a un lado el ruido y aterrizar los pensamientos que atormentan tu mente y, por ende, tus emociones. La catarsis o vómito del alma, es una práctica hecha desde la Antigua Grecia, significa verbalizar lo que internamente apabulla nuestros fueros internos, es decir, las primeras filosofías invitaban a la práctica del desahogo, pues de no haberlo, crearías etapas sufrientes en tu vida.

Objetivamente es difícil ir tarareando nuestros males dentro de la vida cotidiana con personas ajenas a nuestra confianza, por lo que bajarlos de pluma a papel consuma la inmediata expresión de sentimientos y cierta liberación. Si la conviertes en labor de todos los días, conseguirás una salud íntegra, con el beneficio de haber ejercitado la mente y, lo más asombroso, destaparás la creatividad que tú llevas dentro. Esa que te hace volar, volar largo en la única vida que tienes. Al continuar con el ejercicio, aprenderás a planear, y seguirás creando, más y más. Si te comprometes.

En “Cartas a un joven novelista” Mario Vargas Llosa dice: “La raíz de todas las historias es la experiencia de quien las inventa, lo vivido es la fuente que irriga las ficciones”. Hacer una narración o cronología de los acontecimientos del día satisface varios huecos, permitiendo realizar y crear los objetivos personales que tengas; se refiere desde luego a una novela, aunque si es ejercitado de igual manera en tus proyectos de cualquier profesión, se abre la libreta y se esclarece el panorama. Existirá creación en tu itinerario y en tu realidad -externa e interna-, por seguro, las circunstancias se amoldarán a los vívidos sueños que ya despertaste. Son varias las personas que han tenido la dicha de comprender la sabiduría oriental, promete qué si inventamos atmósferas y circunstancias de silencio, podemos encontrar respuestas vitales. Esto es, el aislamiento momentáneo para escribir un par de frases o un pensamiento súbito de importancia para ti, es grato por el hecho explícito de encontrar silencio y en automático se torna tranquilo el derredor. La realidad se contempla distinta con una leve introspección. De la reflexión al desapego. Del sentir al deshecho de congojas.

Las agendas, así como las libretas, son utilizadas normalmente para fijar horario, enlistar pendientes y ordenar el calendario. Por supuesto, son parte de la cronología que vivimos y beneficia la salubridad mental. Es extensa la variedad de temas que podemos incluir en el cuaderno de inventarios: el amor, preocupaciones, enojos, ideas, inspiraciones, secretos, la narración de un domingo cualquiera, viñetas para un trabajo, un tipo de auto-confesión o “examen de conciencia”, celos, inseguridades, frustraciones, dependencias, alegrías, éxitos, creaciones, cuentos, proyectos. Son ideas para transmitir lo que a mí me serena en todo momento, o sea, la fuerza de la libreta. Por añadidura, el valor por vivir bien florece, se forma la cualidad de ser autocríticos de nuestros actos y notamos los cambios eficazmente; si se lee años después será claro en qué seguimos estancados. El cuaderno mismo es el tiempo, es la reflexión, la sanación y el alivio. León Bloy, en sus diarios, escribe un verso que vuelve contundente la anterior premisa: “No sienta bien volver a ver, a los sesenta y cuatro años, las cosas amadas y admiradas en la infancia”. Lo dice un autor que escribió su diario vivir de 1892 a 1917, siendo ejemplo de la capacidad de introspección que acarrea el hábito que aún es desconocido por muchos.

En el futuro, los recuerdos y peripecias quedan inmortalizados para nuestra finitud, se deja material a pasto de cuentos para los hijos, se deja la puerta abierta para revivir momentos que la memoria no registró, experimentamos sensaciones anestesiadas durante largos años para volver a sentirlas, nos adueñamos de la radiografía de nuestras relaciones personales, adquirimos información del subconsciente, renace la chispa de antiguas pasiones, dejamos de creer en lo que al presente daña, comprendemos nuestro sistema de pensamiento, nos burlamos de nosotros mismos y reímos.

Hemingway, Beethoven, Nietzsche, Tolstoi, Gertrude Stein, llevaban libreta para sus tareas específicas, para su profesión, para su vida. Hasta hoy contamos con sus confesiones. En mi experiencia, el uso cotidiano me ha funcionado para analizar minuciosamente mis pesares, que transmutan en nimiedades tras ponerlos en manuscrito, tengo más claridad y lucidez en días turbios tras ver aquél escrito en el que saltó alguna epifanía; mi psicología se estableció, desahogué lo que por la palabra me hubiera sido imposible, me veo más sereno desde que interioricé por medio de la escritura. No es lo único ni la panacea, sólo la molestia de llevar conmigo un librito en blanco que agiliza todo proceso de mi vida. Ya no dejo ir el rato de inspiración porque quedó plasmado y así llevo a la acción lo que entre sueños vislumbre o cuando caminaba meditativo.

Hablando de los sueños, uno de los mundos más desconocidos y reveladores, es ahora un factor de cambio, tomé por costumbre dormir con mi libreta a un lado, cada vez que me despierto describo brevemente lo que aconteció en el último sueño que recuerdo; al levantarme hago lo mismo, intento profundizar. He logrado interpretarlos con bastante sentido, he desentrañado inentendibles figuras oníricas y hasta la ansiedad de la mañana cesa porque entiendo el cambio que hubo en la mente, o bien, el reacomodó de pensamientos que tuve durante el día o en el pasado. Mi recomendación también es útil para hurgar en escenarios incomprensibles. La mejora es evidente cuando el enfoque es perfeccionarse, entonces entramos en el campo espiritual y más íntimo, por la escritura.

BIBLIOGRAFÍA

BLOY, León. Diarios. Ed. Acantilado. Barcelona 2007.

VARGAS Llosa, Mario. Cartas a un joven novelista. Ed. Alfaguara. México 2011.

 

Por Gustavo Llorente

Foto: Amaya Martínez

Facebook e Instagram: Amaya Martínez Photography   @amayamartinezphotography

 

 

 

2 comentarios en ““EL ITINERARIO VITAL”

  1. Me gustó mucho esta entrada, me parece realmente acertada! Personalmente yo utilizo el dibujo como medio de expresión, ya que la escritura nunca se me dió bien para este tipo de cosas, siempre siento que anclar un sentimiento en palabras quizás la limita, o quizás es solo que no expresarlas como es debido. Por cierto, también hago lo que has mencionado de los sueños, también pienso que es una forma muy interesante de conocerse a sí mismo, entre otras cosas! Saludos~

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