“Sobre los celos”

Con agradecimiento a Jorge Pablo y Alex V.

Me tiemblan las manos y el pecho está por reventar. Te pido amigo mío, que me acompañes a comprender este ensayito. Inicio con dos ideas simples, no existen celos “buenos” ni tampoco son amor. La parte alentadora es que pocos la han librado, quizás sólo algún monje tibetano o un ser humano angelical.  Ocurren desde siempre. Entonces, me atrevo a arrancar con la descripción del infierno, en el que somos bienvenidos y tan lisonjeados que de vez en cuando queremos regresar.

En concreto, es la historia de una mente profundamente imaginativa y poco creativa. Esa que esclaviza al propietario sin que pueda percibir ni aceptar ser poseedor. Es perversa y sutil. Es bocera oficial, cuentacuentos. Aquella que narra miles de pensamientos por segundo sin detenerse, estructurados de una forma tan lógica y convincente que funge como directriz, como gurú. Sus argumentos son verdades absolutas, no hay cupo para el error, no existen posibilidades. Blanco o negro. Tan fuerte es su opinión que es capaz de elaborar preciosos artilugios con el objetivo de contagiar la razón de una pareja. De forma elocuente, inquisitiva, tiránica, amenazante y tiernamente seductora. La ecuación contiene dos incógnitas, la parte que consiente el celo y la que cela. Valen lo mismo. El sufrimiento es dual.

La voz que lleva esa mente suena al reproche por haber mirado a otra persona, suena al espionaje de su celular y a la impotencia porque rio de la simpatía de alguien más. Se siente tal y como la asfixia cuando aparece un mensaje de su ex, como la cólera de que su atención se depositó en otro lado y como el flujo hirviendo en las entrañas tras el abrazo que regaló. Es la paranoia que invita a huir de la realidad, la venganza, la espera de una oportunidad de herir, el chantaje que rechaza. Después, la borrachera. Autodestrucción y conmiseración. A pesar del premio, el aferramiento a la razón se mantiene quieto, inmóvil.

Al abrirle la puerta a esas ilusiones -y todo es ilusión- viene la denigración, se practica el detectivismo, toda palabra es motivo de sospecha e intriga, hasta en sueños se visualiza la infidelidad. Perennemente se fija un ojo al gato y otro al garabato. La imaginación supera el infinito, pues forjó la capacidad de enunciar las palabras exactas que le dijo al amante, en el preciso lugar y momento donde ocurrió, con detalladas características. Por lo tanto, se consigue el doctorado en investigación y dos propuestas de trabajo: de velador o vigilante. Tras ser contratado, sangra el pecho, en el estómago, un menjurje de ira, resentimiento, tristeza; el teatro es coronado ninguneando a la pareja, en otras palabras, tirándola de pendeja. A pesar del premio, el aferramiento a la razón se mantiene quieto, inmóvil.

La sólida raíz de este bellísimo defecto es un sistema de creencias. Pretender ser capaz de modificar sus pensamientos y sentimientos. Creer tener control de sus acciones. Afirmar que con quien te relacionas te pertenece, o bien, que “es tuya”. Prejuicios sobre la pureza de la mujer y la etiqueta al hombre de ser infiel.  Subestimar a tu novio/a suponiendo ser mejor, jactándote de saber más. Sentir que eso es el amor, lo pasional. Una más, en el momento del matrimonio: se transforman en UNO. Aunado a lo anterior, la fractura emocional; un orgullo desmedido con afán de poseer, la carencia de amor propio, el pavor a la soledad y ser controlador. Por encima de todo, la repetición de un comentario: ¡Esta vez sí tengo razón, ahora sí se pasó, tengo el derecho de celar!

¡Atención! los celos dañan y lastiman hondamente a la demás gente.

Hay que comprender una cosa: NUNCA vas a cambiar a tu pareja. Somos personas individualísimas y libres. Nada nos pertenece ni podemos poseer. La confianza no la da la otra parte -por lo que es imposible “confiar en ella”-, la seguridad habita en nosotros mismos, es decir, soy a partir de mí. El amor significa vivir creativamente, entregar sin exigir resultados, respetar a mi igual como ser único, aceptar su libre albedrío y evitar dañar. Hay que comprender otra cosa:  EL AMOR ES LIBERTAD.

      “Honorabilísimos maestros del amor,

         me han escupido, me han derrotado;

         respetables celos, experiencia de dolor,

                    ya descansen, ahora vivo liberado.”

                     Por Gustavo Llorente

 

 

 

 

 

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