Con admiración a mi madre y a mi hermana

 

A ti,

Es verdad, eres principio de toda vida y final en potencia; lo más parecido a la naturaleza, el único ser humano perteneciente a lo bello y lo sublime. Reconozco tu luminosa condición espiritual. Eres heredera universal de la sensibilidad divina, de la esencia más perfecta. Has sido, eres y serás, una obra de arte, un puente entre la realidad y el gozo. En otras palabras, das completo sentido a la existencia humana, sin que puedas percibirlo, sin saberlo. Hay grandiosidad en tu presencia, tenerte cerca es luz, gloria, conciencia. Tus rasgos espirituales -siendo estos los más valiosos- son reflejo de tu compleja perfección, imposible de comprender ¡Tan infinita y tan amable! La vida se ha vuelto un evento imperdible a partir de ti, al que todos quieren asistir y en el que plácidamente se quedan a vivir ¡Qué desarrollada intuición la tuya! ¡Qué belleza interior! Eres un ser indescifrable -esa es parte de tu magia-, eres el primer cimiento de una casa, eres la tranquilidad de un hogar y, eres, la compañía más apreciable que tiene esta humanidad. Tu superioridad radica en un don: la cualidad de llevar contigo dos almas en un mismo cuerpo por un periodo cercano a los nueve meses. El reto es mantenerte sencilla, de no hacerlo, dejarías de serlo. Yo confío en ti, en tu alegría existir, en tu entrañable amistad, en tu simpleza para amar y, por lo tanto, en la poca necesidad que tienes de protagonizar. Son varias las palabras que llevo y no me acerco a tu fidedigna descripción. Mejor, abriré mi corazón, me aventuro a regalarte importantes consideraciones. En agradecimiento por los tantos sentidos que a mi vida le das.

Es verdad, eres soporte inquebrantable de todo hombre y despertador perenne de nuestro espíritu; la oportunidad del bien vivir la tenemos dentro tuyo, la enseñanza más pura del amor. Por esto, quiero reconocerte el daño que cometemos. Quiero disculparme en representación de todo el género masculino, por todo hombre que ha transgredido tus sentires. Por simple debilidad física -o, perfecta delicadeza- hemos intentado humillarte, insultarte y pisotearte. Te hemos ninguneando y desvalorizado. Hemos buscado el placer corpóreo a toda costa, sin importar tocar tus emociones. También, nos atrevemos a desacreditar tu intelectualidad, a tildarte de ignorante o incapaz, a coartar tu libertad, a enseñarte “cómo es”, a controlar tu personalidad, a ofenderte y herirte, a engañarte, a abandonarte y a invalidar tus actos amorosos. Pero ¿Qué más da? Tu espíritu es indomable del que emana la virtud, estás lejana a las habladurías del hombre y al trato indigno ¡Espero sepas lo valiosa que eres! Existe el padre que ejerce violencia sobre ti: lo es el que desconfía de tu libertad mental y física o el que quiere imponerte a tu futuro esposo. Lo es el que te golpea e insulta, el que vive del desdén. Lo es el que no toma en cuenta tu opinión, el que invade tu espacio y no respeta tu intimidad. Existe el esposo que te avienta migajas por doquier: lo es el que te regala sólo unos minutos de su tiempo y el que sólo lleva la comida, o bien, el que vive de la indiferencia. Existe el novio hiriente que te daña sin piedad: el que se emborracha dejándote en peligro, el que nada más piensa en sus intereses. Lo es el que te exige y reclama desmedidamente. El que fija como objetivo de la relación el placer sexual. Tienes varios tipos de hombres, los misóginos, los empresarios opresores, los jefes machistas, gobernantes sexistas, violadores, explotadores, déspotas, mujeriegos. Un sinfín de bellacos. Pero ¿Qué más da? Encontrarás a un hombre a tu altura, con el que agradezcas compartir. La invitación es que no pagues con la misma moneda, que no envenenes tu alma con odios, que no busques vengarte ¡Por favor, no seas feminista! Tú eres superior a eso.

Mi primera consideración es: no te dejes apantallar por el hombre, debes ser sorda a la persuasión. Qué te cante el que vive cantando, qué te escriba el que lo haga de corazón, qué te pinte el que obra como artista, qué dé detalles el que no te deja sola y qué vaya a tu casa el que sabe disfrutar ¡Por favor, no mal precies el amor mendigando! Tú eres superior a eso ¡Por favor, no supliques que estén contigo! Tú eres superior a eso

Es verdad, también hay féminas que desertaron el enorme privilegio de ser mujer, que voltearon al suelo en lugar del cielo, de las que tienes que alejarte a la brevedad; haz el intento de aceptar que son tus enemigas. Hablo de las que envidiosamente te aconsejan terminar tu relación, de las que viborean y critican, de las parlanchinas con las que siempre te has sentido sola, de las que recomiendan apabullar al hombre, de las que tiran mierda de otra amiga en común. Aléjate de las presuntuosas -sólo quieren hacerte sentir inferior-, aléjate de las vanidosas -no les interesa tu interior-, aléjate del chismorreo -pronto formarás parte del siguiente-, aléjate de las materialistas -son hipócritas- ¡Tú eres superior a todo eso! No formes parte de las convivencias tóxicas ¡Tú eres superior a eso! Con urgencia, sésgale a la que no habla de sí misma -es envidiosa-, a la que te habla de relaciones ajenas -no te aporta-, a la que te interrumpe cuando hablas -te está juzgando-. Es decir, apártate de las que no valoran vivir en consciencia. De las que no honran la feminidad ¡Tú eres superior a eso! Y, apártate, de las que no detienen los halagos hacia ti.

Mi segunda consideración es: no te dejes impresionar, debes ser sorda con los merolicos. No te limites al esquema social ni al sistema de creencias. Tú eres un ser libre, único e irrepetible. Confía en ti. Qué sea amiga la que te escucha, la que respeta tus pensamientos, la que valora el silencio. Reúnete con la que puedas hablar de tus pesares. La que cuando llores, sólo te abrace ¡Por favor, no imites! Tú eres superior a eso ¡Por favor, no cambies tu personalidad! Tú eres superior a eso.

Es verdad, todo lo que está prohibido no está permitido y, a ti, te prohíben todo. Quiero decirte algo, estoy cierto de que la virginidad no es el mero acto sexual; de hecho, poco tiene que ver con eso. La virginidad hace alusión a la honestidad con el espíritu, a protegerlo y cuidarlo. Esto es, ir de la mano contigo, acompañarte, obrar siendo tú misma, es invaluable tu genuinidad y un verdadero regalo de la existencia. Yo confío en que tu amor es capaz de romper con todas las etiquetas que te han puesto, con la banalización de la mujer libre, con los estigmas socioculturales y con las limitaciones a tu libertad. En verdad, quiero que vueles, que seas muy feliz en esta vida.

Me despido aplaudiendo y agradeciendo tu paciencia con el mundo. Me comprometo a respetarte. Me comprometo a escribir sobre ti. Te pido una disculpa por mi sentimentalismo y/u honestidad. Te invito a que te mantengas sencilla, de sentirte superior, habrás dejado de serlo. Te invito a que la vida la disfrutes con todas tus fuerzas. Quiero recordarte que los rasgos verdaderos son los del interior, lo demás es vanidad; tienes esencia de mujer y esa siempre es hermosa. Tú, especialmente, eres como de otro planeta, un ser fuera de serie, una belleza de persona ¡Por favor, sigue amando como lo haces! LA MEJOR VERSIÓN DE TI, ERES TÚ. Única, irrepetible, especial. Un espíritu libre.

 

Apenado,

P.T

P.D. Última consideración: practica la meditación.

Por Gustavo Llorente

Foto: Amaya Martínez

Facebook e Instagram: Amaya Martínez Photography   @amayamartinezphotography

3 comentarios en “CARTA A LA MUJER

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