No hablaré de política. Esta va en serio y doy el pitazo de arranque a la acción ¡Suave patria! ¡Incomprendida y sofocada! A medio reventar, a pocos días de morir. Dentro de ella, habitamos en la ensoñación, ilusionados por el día de la añorada gloria; somos, pues, diamantes en bruto desconociendo la herramienta para pulir. Vislumbro el encuentro a partir de un contundente cambio de mentalidad de la nación, esto es, desaprender lo poco que sabemos sobre civilización y sacar del olvido la apremiante necesidad de evolucionar. Asunto que ni acariciamos.

Recordar que existe un territorio con seres humanos en sus entrañas, aceptar que la realidad es un préstamo y transformar cada estado en capital del país, hará sonar el grito de Independencia por vez primera. Independencia de nosotros mismos. Al “crítico político” le digo: ¡eres el peor enemigo del pueblo! ¡Tanto murmuramos! La paradoja es que ni tu ni yo somos el presidente ¡Qué fácil es hablar y arremedar! Le tengo tirria al único pensamiento que ha recorrido nuestros pulmones durante un mes: “La llegada de Luis Donaldo Trompicón”. Como si no pudiéramos establecer un nuevo tema de conversación.

Atenta contra mi cordura ver el escándalo que organizamos sin siquiera tener la capacidad de respetar el reglamento de tránsito. El olvido es el resultado de acciones personalísimas, y esa es mi propuesta, admitir el error en nosotros mismos. En una palabra, canalizar la difamación política y el terror a nuestro “enemigo” a la creación de quinientos actos para civilizarnos, es la única esperanza que tenemos ¡Que el uno sea atractivo para el otro! Eso sí lo podemos cambiar, la elección presidencial de otro país y el futuro ¡jamás! Propongo depositar nuestra energía en conseguir una civilización primermundista. Diseñar un espacio armónico, mezclando lo mejor de Oriente y Occidente en un solo país: México. Simplificando, no ofendas a los conductores cuando el tráfico ni pites el claxon ¿Puedes? Refuerzo con otra: paga tus deudas en tiempo y forma. Es más, trabaja con buen humor ¿Es mucho pedir? Probablemente sí, aunque es más factible que la exigencia de configurar una política utópica. Luego entonces, el verdadero cambio reside en nuestro fuero interno, de tomar el toro por los cuernos, se modificará el inconsciente colectivo. Aprehendamos esta imparable actitud que servirá de despertador. La emprende el que recoge la basura ajena, contagiando al que no respeta al peatón; o, el gobernante honrado que influye en un apreciable secuestrador. Me quedo corto con el número de conductas que podemos impulsar, en las que nos debemos concentrar. Esta es una campaña productiva -por fin positiva-, ajena a las votaciones, huelgas, manifestaciones. Lejana a la violencia, distinta. En automático y, por añadidura, se dará el cambio de fondo que todos anhelamos. La raíz somos tú y yo. Deshacer la percepción actual que tenemos del país -o bien, la queja-, y suplirla por la intención de civilizarnos, calmará la angustia incesante con la que nos referimos a nuestra realidad. Lo que yo puedo darle al país es mi cambio de actitud. Desembocará en cubrir las demás necesidades sociales y personales.

Nada tiene que ver esto con política, dinero, oportunidad, fuentes de trabajo, pobreza, desigualdad, ni con la diferencia de niveles socioeconómicos. Es una convicción personal. Donde la justificación no es digna ni de amenazar y donde el pretexto es reflejo de la incivilización ¡Que México se libere de nuestro reproche! ¡Que le ofrezcamos más que peticiones! Nuestra inocencia siempre ha sido: carecer de la capacidad para mirar objetivamente lo que existe dentro del país. Al contemplar la nación -cultural- desde el Cañón del Sumidero hasta el dejar de delinquir, se dibuja una visión del tamaño de México; es inspirador y alcanzable. En este sentimiento -esperando se convierta en vox populi- podemos encontrar el impulso de acometer el cambio personalísimo. Seremos libres, desde la comprensión de que somos creadores de nuestro propio dolor. A pesar de cualquier derramamiento de sangre, habrá habilidad y arte en el vivir del mexicano. La verdadera Conquista quedará datada en el mes de febrero del año dos mil diecisiete.

No es buen negocio invertir en dominar el exterior sin haber domesticado el interior.

Por Gustavo Llorente

FB: Paco Talcós

Fotografía por Rosendo Quintos http://rosendoquintos.com/         FB:@rosendo.quintosfotografia

Un comentario en “LA ESPERANZA DE UN PAÍS INOCENTE: Una nueva visión

  1. Completamente de acuerdo , el cambio empieza primero con nosotros, dentro de cada familia, comunidad etc . Hacer lo correcto aunque nadie te vea .

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