“Además, también en posesión de la mayor riqueza y del mayor poder nos sentiremos miserables” – Arthur Schopenhauer 

La Galaxia de Andrómeda está a una distancia de dos punto cinco millones de años luz, y la podemos observar por medio de imágenes tomadas por algún telescopio espacial. Estamos abastecidos de alimentos tratados a raíz de la caza, de la pesca, del arado, de la fábrica. Son más las críticas políticas que los nacimientos y muertes por segundo. Limitamos con fronteras las tierras. Hasta desarrollamos la fecundación in vitro. El valor agregado es el desafío a lo natural, la contaminación, en todo sentido. ¿Cómo puede habitar conciencia y cuidado en nosotros dentro de una realidad inacabable e incomprensible? Tal y como el universo. De hecho, conocemos el cero por ciento de la infinitud y permanecemos empecinados en apoderarnos. La conquista de todo país y colonia, resultó en independencia; la sobreprotección a un hijo, también. Es la condición de la naturaleza. Es decir, la individualidad, la libertad, aquí radica la imposibilidad de controlar. No es buen negocio invertir en dominar el exterior sin haber domesticado el interior ¿No existe el hartazgo de poseer?

 Hablo del desprendimiento de amarse a sí mismo. Existen más tecnologías para la comodidad del hombre que momentos de introspección. El interior también es infinito -como lo son las neuronas-, lo que separa esta labor de la anterior, son los sentimientos de las sensaciones. Más claro, al hurgar dentro nuestro se manifiesta la paz, al comprobar la Ciencia sólo aparece el placer de conocer. Mi propuesta no es comprobable ni es una tesis, aunque es más cierta y exacta. No hemos evolucionado en ella, vivimos estancados, a pesar de su valor ¿Por qué no crear el mismo número de prácticas espirituales que herramientas para subsistir? Se simplifica la existencia viviendo de manera desapegada; habría que dejar de concebirnos como los más importantes del universo. Me causa aburrimiento la seriedad, la preocupación, la política y las normas. No quiero ni puedo comprender, la falta de atención en lo que verdaderamente nos pertenece. Que el objetivo no seamos nosotros mismos me provoca repulsión. Metafóricamente, la NASA me da nausea. Seguro que probando el impacto de un meteoro nos vamos a librar de la muerte, de ese momento para el cual no nos preparamos. Si colmáramos el interior, nos sería indiferente la presidencia de EE.UU.

La verdad es que vivimos solos estando en soledad; acompañados no sentimos alguna otra presencia. A pesar de los nuevos descubrimientos, permanecemos con la sensación de vacío. La cualidad de las relaciones personales es el desamor. Encontramos frustración en las manifestaciones, huelgas, luchas y guerrillas. Muchas legislaciones, pocos valores. Trabajamos para tragar haciendo a un lado la dieta emocional, con aferramiento a la pereza mental; muestra inequívoca de nuestra ignorancia, que tiene como creencia, la posibilidad de modificar la realidad. De todos modos, seguirá existiendo el alarde en la Cámara de Diputados, la lisonja a los famosos, la cartera forrada de billetes o los telescopios. Podemos elegir entre eso o la vía que propongo. La buena noticia es que una vida enfocada al interior no excluye las demás actividades externas que ejercemos. El lío es que todos tenemos Alzheimer, se nos olvida el tratamiento espiritual.

FOTO por: Rosendo Quintos

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