FRITZ PERLS: “Yo soy Yo. Tú eres Tú. Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas. Tú no estás en este mundo para cumplir las mías.  Tú eres Tú. Yo soy Yo.
Si en algún momento o en algún punto nos encontramos será maravilloso. Si no, no puede remediarse. Falto de amor a mí mismo cuando en el intento de complacerte me traiciono. Falto de amor a ti cuando intento que seas como yo quiero, en vez de aceptarte como realmente eres. Tú eres Tú y Yo soy Yo.”

Tengo veintinueve años y por segunda vez en un año estoy hospitalizada. No por enfermedad, o sí, pero por la misma razón. Mi estado actual: daño cerebral irreversible, apéndice reventada, moretones por todo el cuerpo, dos heridas recién cosidas, visión mermada y milagrosamente viva. Iba adentro de una maquinaria peligrosa, con una amenaza aún peor. Como preámbulo, el historial de mis relaciones sentimentales, aunque parezca que poco tiene que ver con la introducción. Estoy muerta en vida, y quiero revivir compartiendo.

La primera relación de la que fui tabique fue con mi padre, Ernesto para ser exacta. Se resume en sentirme invalidada, oprimida, desacreditada. Al estilo amor apache. En mi diario era el mejor padre del mundo, en mi corazón, el miedo de escuchar sus pisadas; pocas, pero certeras. Su aroma, añejo, loción y alcohol. Mi madre sabía que era infiel, y yo, también. Digamos que ante él me sentía un bicho raro, igual que en la escuela, un genio incomprendido. Lo bueno, no hay bueno.

Mi primer amor, Pablo, tres años con él. Güero de uno ochenta y altamente agraciado. Mi familia lo quería más que a mí. Disfruté como una loca las primeras salidas con novio y sin lupa. Confiaban en él, y yo, también. El día quince de mayo del dos mil, terminé la relación. Mis amigas me advirtieron que tenía una amante, de esto fui testigo un año después. No podía olvidar las risas que pasábamos, las peripecias juntos, y el enamoramiento que me invadía. Llegó Jorge, con quien dejé de ser virgen, tiempo para conocer la pasión real y los celos. Nos reconciliábamos más que los meses que duramos. Yo no soportaba que mirara a otras, él me levantaba la voz si alguien más me escribía, los dos nos amamos de esa forma; hasta me tatué: J.D. y un infinito, por supuesto, era el amor de mi vida. Me cortó, se había enamorado de otra, me regresó todos los regalos, me sugirió que fuera feliz. Y yo, también.

En la época de fiestas: Gerardo, Juanjo, Joseph y Carlo. En el intermedio de cada uno, varios. Algunos datos duros: con Gerardo conocí el alcohol y la supuesta nobleza de la marihuana, con Juanjo la aburrición, con Joseph los lujos; Carlo, una mezcla de todo, celos, crudas, reencuentros, peleas, aventuras, conciertos, cenas, y mucho sexo. Después, constaté que la mayoría me fueron infiel, desde prostitutas hasta una amiga mía. Todos me lastimaban y herían. Fui una mujer traicionada.

El último… No mencionaré su nombre. Duramos de los veinticuatro hasta ayer que falleció. Era absolutamente lo contrario a toda figura masculina de mi vida. Entregado, respetuoso, buena oreja, sencillo, dispuesto y presente. A la mitad de la relación, relucieron todas sus frustraciones y represiones, revisaba todas mis redes sociales, enfurecía si salía sin él; discutíamos desde el saludo, me dejaba de hablar durante días, cortábamos y regresábamos. Le perdoné dos o tres infidelidades. Me exponía en público, me hacía sentir inferior por haber hecho el amor tantas veces. En sus borracheras, catástrofe. Hace unos meses me subí a su coche, él con unas seis copas encima pero perfecto, nos volteamos en la avenida principal y quedamos atrapados entre dos postes. Estuve en terapia intensiva por un tiempo. Lo perdoné. La relación mejoró impactantemente, me fui a vivir con él. Los patrones del pasado reaparecieron, corregidos y aumentados. Progresaron. Lo bonito es que me puso la roca que traigo puesta en el anular. Había motivo para no echar todo por la borda.

Estoy aquí, en cama y hospitalizada, despertando del coma. Por la misma razón, hace unos días nos volteamos en la carretera rumbo a Sevilla; con unas copas de más, recurrió al volante y yo al copiloto. Lamentablemente mi prometido no la libró. También, constaté su infidelidad, de una manera más agresiva: me acaban de detectar VIH. Todos me traicionaron. Ninguno cambió.

Llego la hora de la verdad: aceptar que estuve a punto de morir, una vez más, por mi carencia de amor. Por no saber estar sola, saltando de novio en novio, buscando cariño. He creído siempre que ellos van a llenar mi vacío, que van a cambiar, que los voy a salvar, que por mí serán diferentes ¡Que poco me valoro! El denominador común de todos ellos: YO. Entonces, la del error soy yo, la que los hace culpables, la que desconoce el amor propio, la que necesita del hombre para sentirse viva ¿Siempre traicionada? No lo creo. Soy yo la que no construye una relación sana, fugada en el romance y la fantasía. Nadie me es infiel, no tiene nada que ver conmigo. Me maltratan porque conmigo misma lo hago. Me celan porque en mí no confío. Complacerlo se antepone a mi propia vida. Pero, “va a cambiar”. “Mi problema: me entrego y confío demasiado”. “No quiero lastimarlo”. “En el fondo es muy bueno, no sé qué le pasó”. “Dejará de tomar” ¿Lo perdoné? ¿De qué? ¿Por SERME infiel? ¿Qué no decidí yo estar con él? ¿Qué no somos posesión de nadie? ¿No fui yo la que se subió de copiloto?

Mi enfermedad no es el VIH, es no saber amarme… y amar poseer a alguien.

Por Gustavo Llorente

Foto: Amaya Martínez

Facebook e Instagram: Amaya Martínez Photography   @amayamartinezphotography

14 comentarios en “ME LLAMO LUISA SOFÍA GUÍZAR

  1. ¡Brutal!

    El hecho de que en nuestras vidas se repita un patrón debe ayudarnos a darnos cuenta de que probablemente nosotros seamos el origen de ese patrón.

    Por otra parte, si una situación intolerable persiste en nuestras vidas es demasiadas veces porque nosotros lo permitimos.

    Queriéndonos más, nos daremos cuenta de lo que queremos en nuestra vida y lo que no, lo que estamos dispuestos aguantar y lo que no…

    Le gusta a 1 persona

    • Es hermoso conquistar la visión que propones. Es el desenlace de un profundo hartazgo de estar sufriendo por la misma situación. Mayoritariamente justificada; hasta que se alcanza ese cansancio, aunado al ejercicio de la concientización para aceptar amarse en primer lugar. Un buen amigo le llama: rango de tolerancia.

      Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s