Estoy temblando y paralizado. El palpitar retumbando. Me incendian los nervios y siento los tuyos; ardiendo, de algún sentimiento irrepetible. Como te has de imaginar, mi deseo ha de cumplirse. Quiero fundirme sin reserva en todo lo que eres, hasta que de dos exista la asombrosa comunión.

El Dios me aconseja concretar un dislate. Destapar la potente fuente de locura, y también la tuya; seré cómplice de tu interior vulnerable, de tu alma, de tu mente, de tu cuerpo. Seré el autor del momento que jamás habremos de olvidar, y un fiel compañero en el acto celestial ¡Que venga ya!

Te tengo aquí, con un fino escote en el pecho y la pierna, en tu elegante vestido rojo de seda; desconozco un poder como el tuyo, de olor fragante. Encima, tu pelo: lacio, aterciopelado y oscuro, enredándose en toda mi esencia. Con ganas de azuzarme a que por siempre lo respire.

A lo lejos eres insaciable, de cerca, incansable. Y sigo temblando, con el nervio murmurando. Es mucha la belleza en tu persona, indescriptible tu presencia. Comienzo por erizarte rozando tus hombros, deslizando y pisando el vestido que esconde el cuerpo de tu endiosada humanidad.

No hay compasión en tu creación, me veo tentado a seducirte. Mirarte fijo, y que sientas el ardor de estos ojos que te han recorrido, siempre de abajo hacia arriba, con pausa eterna en tus piernas. Esas piernas que sostienen tu escultórica figura, cincelada con fuego, sin compasión. Mi perdición.

A esas dos columnas morenas entrelazadas con las mías, voy a acariciar, sentiré la suavidad, desde la planta hasta la cintura. Dándole la bienvenida a la impaciencia. Tendré tus sentidos exaltados con la piel confundida. Con toque delicado y perpetuo. Contagiando el deseo que por ti contengo.

En mi pecho, en mis entrañas. Mientras tanto, mantengo el recorrido con mis dedos sobre las dos precursoras de mi instinto, haré que creas que tocaré la vida, y me detendré. Subiré por las ingles, apretaré tu cintura y besaré sin prisa alrededor. Juntando a momentos tus labios con los míos.

Seguiré dibujando con mis uñas el contorno de tu silueta, conociendo tus costillas con la lengua, y te abrazo. Sincronizo nuestro latir, pecho a pecho, por fin te he conquistado; sientes cada vez más cálida la respiración en tu cuello, y lo beso, lo toco, beso tu oreja, la muerdo y entro a tu nuca.

Meto la mano en tu pelo, apretando cada uno con destreza, rasguñando con ternura tu cabeza. Con tacto. Mis palmas bajan y se posan en tu pecho, rozando la venerable división, con más besos, más ardor. Por nuestros cuerpos recorren nervios colosales. Millones de ellos locos y extasiados.

Decoro el regalo tocando sin cesar, la realidad más hermosa se ha vuelto palpable. Donde convergen el par de enloquecedores paraísos, donde quiero descansar. Al final de la vereda, luz, gloria y sentido. Me he vengado de la sensación que tu vida me produce, sin compasión ni perdón.

Estás perfectamente excitada y desesperada. Me pides conocer el amor. No hay impedimento, todo está escrito. Me lleno de tu alma y tú de la mía. Reconozco la superioridad de tu espíritu sobre tu cuerpo perfecto, es artístico, admirable. Forcemos el abrazo hasta el siguiente atardecer.

Por Gustavo Llorente

Un comentario en ““VESTIDO ROJO DE SEDA: No hay compasión en tu creación”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s