Para una amiga con corazón de poeta

 

“Porque quiero personas diligentes con su hallazgo personal, desapegadas del mundo. Porque quiero una vida con pocos amigos andando cuesta arriba en la montaña del silencio.” – en La búsqueda de los 12 artistas de Paco Talcós

PACO TALCÓS – ¿Qué te traes, mi hermano? No por nada vienes a visitarme. Tiempo sin vernos; percibo un semblante agotado, y tienes veintinueve años, ja ja ¿Te sirvo un té? Catalina está fuera de casa, así que con libertad puedes hablar. Estoy construyendo un escritorio, hace tiempo que quería aprender la carpintería. En mi rutina lo que sobran son ideas.

BENITO – Talcós, sólo para convivirte. He estado muy contento; trabajo, familia, amigos, y muy de vez en cuando salgo de fiesta. Ya no me gusta salir. ¿Cómo va la vida en pareja? Yo también estoy cuajando una nueva idea de negocio, con los mismos que abrieron las tiendas departamentales ¿Tienes azúcar?

PACO TALCÓS – ¿Cada cuánto sales de fiesta?

BENITO – Una vez por semana. Unas cubitas y ya.

PACO TALCÓS – ¡Vaya! ¡Que repudio le tienes! Fíjate que con Cata estoy mejor que ayer. Hoy iremos a ver Un tranvía llamado deseo de Tennessee Williams ¿Leíste el libro que te presté? Después, tenemos cena con mis venerables suegros. Supongo que no te puedo invitar, así que, mañana podríamos vernos. Tal vez puedas abrirte.

BENITO – ¿Abrirme? Yo iré al cumpleaños del Toledo, deberías venir. Has sido nuestro amigo desde primaria ¿Qué te ha pasado? Estás siendo egoísta con tu tiempo. Tu vida ronda entre tus amigos de la meditación, tu mujer, los libros, la creación. Y ¿nosotros? Cambiaste mucho. ¿Estuviste mal con Catalina?

PACO TALCÓS – Estuve bien, y hoy, mejor. Quiero aceptarte que mi vida ronda entre los de la meditación, mi mujer, la creación, y mis peripecias diarias. Eso elijo. Tienes empapada la boca de razón, he cambiado mucho. Quizás, egoísta contigo, honesto y amoroso conmigo. Oye, estoy escribiendo un texto sobre el fingimiento ¿Qué opinas sobre el tema?

BENITO – Buen tema. La gente se la vive aparentando. Todo es el dinero, el poder, la fama. Normalmente dejan de hacer lo que disfrutan. Son incongruentes, dicen que buscan una nueva forma de vida y son iguales. Los hombres se toman fotos con gente popular para que los demás vean que son parte de ellos. Para demostrar que tienen dinero. Las mujeres muestran un cuerpo perfecto como acreditando lo que son a partir de eso. Siempre alegres cuando en el fondo hay vacío. Todas las parejas son perfectas públicamente. Y la sociedad se la vive criticando, uno para todos y todos para uno. Buscan cantarle al mundo quiénes son desde las redes sociales, un viaje no lo viven porque disfrutan más trepar a internet “el reencuentro” consigo mismos en la India. O, presumir el viaje familiar donde cenaban sin amor alguno. Todo es apariencia.

PACO TALCÓS – ¡Que buenas percepciones! Lo tienes claro. Me acuerdo que estabas pintando un cuadro representando la muerte de tu mejor amigo ¿Lo acabaste? ¿Te fuiste a acampar?

BENITO – No he tenido tiempo, me traen sin parar en el trabajo. Cuando consiga establecerme y arrancar el negocio tendré la oportunidad de fugarme unos meses. Dejé la pintura porque no me dará de comer, estoy próximo a darle anillo a Valeria y es necesario que me ponga a ahorrar.

PACO TALCÓS – ¿Te importa que prenda una vela? ¿Quieres otro té? ¿Tu familia cómo está?

BENITO – Sí, adelante. Felices, todo sigue igual. Te mandan muchos saludos.

PACO TALCÓS – ¿Igual? ¿Cómo nuestros amigos?

BENITO – Exacto, todo muy bien. Todos siendo productivos.

PACO TALCÓS – ¿Te he platicado por qué me alejé de Catalina la primera vez?

BENITO – No sabía que lo habías hecho ¿Qué pasó? Ella es encantadora.

PACO TALCÓS – Lo es ¿Tienes tiempo? Me interesa que lo sepas, eres un buen amigo para mí. Cuando la conocí me alegré por ver la indudable chispa que tiene, estaba escondida. Magia y luz. Me decía cosas similares a las tuyas acerca del fingimiento. Cosa que me atrapó. Muy pronto, ella me abrió los ojos. Me di cuenta que era casi idéntica a la gente que ella criticaba por ser criticona. Pude comprender el famoso dicho las palabras se las lleva el viento. Hablaba sin acción. Fue decepcionante ver que se manifestaba en contra de las redes sociales, estando apegada a ellas; me decía que bebía poco, situación que era cierta, aunque ¿cada fin de semana? Sus fotos eran diferentes a las del común pero nunca llegaron a ser distintas. Es decir, vivía frustrada por lo que veía del mundo. Del materialismo, y su clóset bien forrado. De la falta de amor, y yo no podía sentirla. De la rutina mientras repetía actos a diario, y del olvido de perseguir los sueños mientras trabajaba en una oficina.

BENITO – Híjole ¡Que triste! Lo lamento ¿Por qué salió esto al tema? ¿Qué pasó después? ¿Por qué regresaste con ella?

PACO TALCÓS – Después lo entendió todo. Salió porque a veces es difícil apuntarse. Ver tres dedos confrontando el propio pecho en cuanto uno señala al de enfrente.

BENITO – Estoy de acuerdo. Nadie se da cuenta.

PACO TALCÓS – ¡Que chistoso! ¿No? ¿Has pensado en la muerte?

BENITO – ¿Por qué habría de hacerlo? Estamos aquí para disfrutar de la vida, no para pensar en esas cosas. Nunca le he tenido miedo, así que no es un asunto de mi interés.

PACO TALCÓS – Es bueno recordarla de vez en cuando. Creo que para disfrutar la vida es necesario desapegarse, un buen recurso que utilizo es tener presente que mi tiempo va a acabarse; la paradoja es que evadiendo la idea de la muerte -porque lo importante es la vida-, me apego a ella, desconociendo el sentido de vivir para aprender a morir.

BENITO – No te entiendo.

PACO TALCÓS – Lo sé. ¿Te he hablado del círculo de los artistas?

BENITO – ¿Quiénes son?

PACO TALCÓS – Son unos amigos con los que me junto casi siempre para hablar sobre temas espirituales. Nos basamos en experiencias personales y las compartimos. Llevamos una vida normal, aunque luchando por ser cada vez más libres. Nada aburrido, al contrario, estamos vueltos locos en todo momento. Ese motivo nos une. Inicié esta sociedad hace unos años, estamos buscando que sean doce; el que entra, sabe con claridad que aquí pertenece. Hasta ahora lo conformamos tres hombres y cuatro mujeres. Nuestro común denominador: conocer el amor. Así se forma el núcleo. Nos apoyamos para lograrlo, nos escuchamos, y el uno impulsa el arte del otro. Viajamos, nos reímos, cenamos, compartimos, nos acercamos a la naturaleza, y ciertamente nos alejamos de manera importante del ruido social. Renunciamos.

BENITO – Y ¿Cómo los invitan? ¿Lo haces tú?

PACO TALCÓS – No, yo sólo le presenté la idea a la primera. De ahí iniciamos el flujo. No es necesario elegir a alguien, es cuestión de observar y escuchar. Es decir, a leguas vemos a los que están cerca de liberarse, a esos que quieren volar. Entonces, nos acercamos y motivamos a que persiga su sueño. Sin pedir nada a cambio. Hasta que comprenden que es un salto al vacío, y lo dan. Se remueve la capa que enmascara al ser creativo que casi todos llevan dentro.

BENITO – Bueno ¿Cómo escogiste a la primera?

PACO TALCÓS – Se atrevió a hacerlo. Me hablaba de todas estas frustraciones de no poder hacer lo que quería, de la incongruencia en su vida. Primero, fue honesta. Le compartí mi historia, la conoces bien. De pronto, renunció a sus antiguas actitudes, no le escuchaba pretexto alguno, rompió de tajo las relaciones que le disgustaban; también, abandonó el trabajo y se puso a pintar. Al ver que eran hechos, no palabras, me acerqué y le dije que formáramos el grupo de los doce artistas. Dista de ser un conjunto de personas virtuosas, solamente somos personas que queremos reventar de alegría.

BENITO – ¿Me vas a invitar?

PACO TALCÓS – Te noto muy interesado en el tema, ahora sí estás abierto ¿Será que viniste porque estás inconforme con algo? ¿A poco mentiste toda la plática? ¿Cómo puedo invitarte si me dices que el trabajo va bien, cuando no sales de él? Depositas toda tu energía en conseguir dinero para así adquirir prestigio entre los prestigiados ¿Cómo puedo invitarte si hablas de familias ajenas y con la tuya no hablas sobre ti? ¿Si Valeria es igual a las que juzgas por su vanidad? ¿Si enterraste el pincel? ¿Cómo puedo invitarte si no quieres vivir? Y si ahora me dices que te atreverás a hacerlo, al salir de esta puerta te inundará el miedo, mañana mismo se te olvidará. En serio, Benito, no te has dado cuenta. Hay que recordar de vez en cuando la muerte para saciar la necesidad de dar ese salto al abismo. En serio, estamos diseñados para vivir, no para mantener la imagen. La única razón que existe para no escapar de una realidad sufriente, es el miedo a no pertenecer a la gente.

Por Gustavo Llorente

Fotografía: Rosendo Quintos

http://rosendoquintos.com/    FB: Rosendo Quintos Fotografía

Un comentario en “El SÍNDROME DEL PRESTIGIADO: La imagen por encima de la paz.

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