Para un corazón sensible

“Por dos veces intenté decirte que te quería, y las dos veces vi que sólo hablabas y reías.” – Fernando Pessoa

EJERCICIOS

I.                     Una mirada retrospectiva

¿Qué dolores estoy cargando? Es una palmada propia la que necesito. El tema es escarbar en el pasado, conocer con profundidad la infancia que viví. Sin ningún tipo de etiqueta. Intentar incluir en la rutina una introspección constante para comprender la soledad que hoy siento; para tener frente a frente el miedo que le tengo a la vida. Es necesario recordar cada una de las veces que me sentí traicionado, abandonado e insignificante a los ojos del mundo. Revivir ese ambiente hostil, volver a sentir la neurosis social, recordar con viveza cada momento que no tuve el reconocimiento de alguien. Separaciones, pérdidas, ofensas, indiferencias. La idea no es ser masoquista, es acometer un acto valiente y asequible para liberarse de una vez. Entonces, habrá compasión por mí, inmensamente mayor que la que cualquiera pueda darme; efectivamente se deshace el juicio que me impongo, se desvanece la culpa, me acompaño con talento cada que el miedo aparece. Se sensibiliza el corazón, se sensibiliza conmigo y perfecciono la habilidad de disfrutar de mi compañía. Un abrazo a mi abandonada alma.

II.                   Una mirada retrospectiva de hijo a padre

La compasión que ya obtuve con mi ser se traslada -sin percibirlo- hacia mis padres. Se abre ese tercer ojo que con ternura mira su infancia, logro sentir la forma en la que se les resquebrajó el alma tantas veces. Para sensibilizar el corazón, imagino la soledad de mi padre, arrinconado por ahí sin un protector; entro en la emoción que tuvo mi madre cuando fue juzgada, sin una coherencia entre lo que le decían que el amor era y lo que ella sentía. En otras palabras, busco sentir el dolor de ellos -sin hacerlo mío-, y de ahí, me presento en su casa con una nueva intención. Ahora, puedo iniciar los intentos de ser compasivo con sus dolorosas cicatrices del alma. Cambio de turbio a lúcido, comienza a derretirse gran parte de la coraza, y salpica en las demás personas -cercanas o lejanas-. Cuando contemplo el rostro de quien sea, veo que me estoy acostumbrando a sentir comprensión. Se desarrolla la admiración por la belleza del otro, y dejo a un lado mis zapatos.

III.                 Buscar maestros

Me relaciono con personas que suman a mi vida. De rebote, el ego se desinfla. La búsqueda por superarme es un fuerte ejercicio para quitar las murallas del corazón. Aquí se encuentra la receptividad, la espiritualidad, la flexibilidad y la apertura mental. Esa gente que con su ejemplo reta la situación interna personal, permite incluir la posibilidad de no tener la razón en todos mis asuntos. Me sensibilizo a raíz de una conexión superior con la realidad, me sensibilizo por un nuevo estado de consciencia. Ampliar panoramas siempre será un acto de compasión conmigo para disminuir el sufrimiento, conocer vías alternas me da expertise en el arte de vivir satisfecho.

IV.                Detección, observación y agradecimiento por las cosas pequeñas

Hago consciente el exterior y las circunstancias del día. Que existan intentos por percibir lo que me rodea, con el fin de concretar el único objetivo de agradecer. Si algo es molesto, al darle las gracias, nace una magia compasiva aún más potente. Si como axioma utilizo que el sentido de las cosas radica en que todo pasa por algo y al final de cuentas no pasa nada, estaré en el flujo de la realidad. Al vibrar en la misma frecuencia del presente, me sensibilizo. Esto es, mis sentidos se despiertan, llegando a una prolífica comprensión de los acontecimientos. Empiezo agradeciendo tener la capacidad de picar una papaya para consumarlo aplaudiendo la muerte.

V.                  Hacer justo lo que a mí no me toca

UNA VEZ AL DÍA. Ceder el paso siendo mi turno, recoger cualquier tipo de basura, tender la cama ajena, callar teniendo la respuesta, enviar un mensaje cariñoso, llamarle a alguien para saludarlo. Escuchar a una persona sin interrumpir. Y cuando aparezca cualquier juicio mental destinado a una persona, lo canalizo al agradecimiento de tener ojos para verlo. Intentar sensibilizar el corazón, lo sensibiliza. En el dar sin recibir, se recibe compasión.

VI.                Invitación formal para salir conmigo

Dos veces por semana agendo un paseo. En soledad. A un lugar que sea especial para mí. Un helado, el teatro, momentos silentes, un restaurante, sentarme en una cafetería. Lo que sea es admirable, mientras esté bien acompañado por el niño que ya comprendí. Es señal de estar consciente de mi necesidad por tocar el área sensible. Tendré compasión con el olvidado gozo personal. Estarme acariciando recurrentemente, me hace apto para transmitirlo con los demás. Y el corazón sensibilizado.

VII.               Artes y naturaleza

Vivenciar una sinfonía, un libro, un cuadro, una escultura. Hacer ese esfuerzo por incluirlo como parte de mi día, me sensibiliza; nace un ser creativo que, a su vez, es sensible. Me descubro y toco las fibras más delicadas del fuero interno. Se vuelve rutina y costumbre llenar mi pecho con emotivas y conmovedoras creaciones del ser humano. Ahora, el mismo sentimiento implicado en la contemplación de la naturaleza dignifica este ejercicio espiritual; mirar la perfección del más pequeño insecto hasta venerar los colores del cielo, cincela la nobleza del corazón. Los días tendrán una característica rítmica, para así aprehender la compasión por sensibilizarme.

 ACTOS

I.                     No burlarme de las burlas que a otro le hagan.

II.                   De caridad. Cualquiera que signifique salir de la zona de comodidad.

III.                 Pensar antes de hablar.

IV.                Huir antes que dañar.

V.                  Saludar y despedirme.

VI.                Meditar.

VII.               Eliminar las drogas y el alcohol.

 EL RESULTADO: LA EVOLUCIÓN ESPIRITUAL.

Por Gustavo Llorente

Facebook: Paco Talcós      Instagram: @pacotalcos

Fotografía por: Rosendo Quintos    Facebook: Rosendo Quintos Fotografía  http://rosendoquintos.com/    Instagram: @rosendo_quintos

 

4 comentarios en “7 EJERCICIOS Y 7 ACTOS PARA SENSIBILIZAR EL CORAZÓN: Vía la compasión y comprensión

  1. La manera más sencilla de comprender a los demás; es llegar a conocernos a nosotros mismos; nuestras raíces; nuestra esencia; enfrentar los miedos; las ausencias; los vacíos; amar la soledad y amar la compañía; descubrir q podemos aprender; q cada situación q vivimos; nos va forjando como seres humanos….

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