Dedicada a los que piden perdón

A todos,

No estoy llorando, la culpa tampoco vino a invadir ni me aconsejó. Esta nueva página propone un esfuerzo de mi parte, es decir, hacerle cosquillas a la conciencia. No habría la consecuente descripción de inexistir el deseo de corregir la actitud ante quien sea. Decreto que no volveré a revelar algo de esta misma especie; ya no habrá necesidad. Y va con sangre. Va por ti y por todos; especialmente, es para mí. A veces, la autocrítica y desenmascararse frente al mundo promete una incomparable libertad; auguro que perdurará hasta la exhalación final. Sin otra aclaración, seré honesto…

Te pido perdón por esto en especial: desgarrar tu paz. El motor: el ego descontrolado. El secreto de transgredir tus sentimientos se encuentra en no haberlo admitido; no lo admití contigo y me pasó lo mismo con otros cien. Me avergüenza decir que cuando cantaste, cuando echaste a andar a quien eres, me burlé; limitando tu vuelo en ese momento. Es similar otro asunto digno de disculpa, mis críticas siendo un tiránico juez, discúlpame por haberte difamado sin derecho alguno, y sin el recuerdo que dentro tuyo existe un alma… Qué tristeza pensar que olvidé que eres un alma. Te pido perdón por las ofensas, por contraatacar con frialdad para imponerme -esperando ver triunfar a mi orgullo-; descaradamente justifiqué que mi defensa fue llagar tu corazón. Cuando a mi lado pasaste, cuando abriste la oportunidad de compartir y amarte, cuando necesitaste un abrazo consolador, más bien pensé en mí; esa indiferencia acostumbrada de mantenerme seco, sin sacudir mi comodidad.

Perdón por no haberlo pedido antes. Se me olvidó que mi egoísmo repercute y salpica sin piedad. Jamás pensé que mi forma de beber pudiera sacar varias lagrimas; y de verlas cara a cara, ser cínico arrejuntando otras copas, con el soliloquio: lo hago porque quiero. He recolectado varios desdenes, temerariamente he aventando culpas, hice míos los pretextos, me he empecinado en sentir el ardor de la ira. Jamás tuve una pausa para reflexionar: ¿Lo que hago los lastima? ¡Egocentrismo innato! El asco se acrecienta por tampoco detenerme a comprender lo que tú sentías, o cómo podrías estar en calma tantos ratos juntos; he ensuciado tu libertad, maltraté las horas con mi malhumor. Mi presencia con rostro inquisitivo, juzgador, y apático. En verdad, reconozco que he tenido actos violentos, los peores son representados por el fingimiento, la actuación y el rechazo de ser yo mismo; así, he deshonrando tu presencia, le he escupido a tu mirada con la hipocresía. No te preguntaba qué necesitabas, primero estaba mi interés; de frente te digo que al darte esperé algo a cambio, pude convencerme de que tú no eres un ser humano, de esos que sienten. Me guardé mi mano, ignoré la tuya.

Y me quedo pensando, rutinariamente practiqué la desconsideración, falté a mi palabra; mientras tanto tu seguías recibiendo una actitud miserable de mi parte -yo, sin tomar en cuenta que mi desgana por la vida infecta a otros-. Perdón por aventar migajas de amor, por no entregarme dándole valía al único hecho: existes. Hasta tu vida puse en riesgo. Mi complejo de superioridad también mermó la convivencia entre tú y yo, he querido moldearte, adoctrinarte, darte consejos -todo, con el fin de saciar mi ego-. Coexistimos y no aporté un diálogo positivo, te intoxiqué entre quejas y palabrerías, vomitando injurias sobre otras personas; tantos actos inconscientes, tanta furia en mi ser, tanta debilidad espiritual. La vanidad de aferrarme a nunca ser lastimado hizo pedazos el puente del cariño. Perdóname por no haber visto que tú también fuiste infante; falté a vivir por carecer de comprensión, falté a cualquier muestra de amor intentando cambiarte.

Te pido perdón por haber sido una pareja, un hijo, un hermano, un amigo, y un desconocido mediocre.  No estallar en amor, dejar de estar alegre, es una efectiva manera para repartir daños. Me olvidé de vivir cuando pensé en mí. Discúlpame por evadir, por no respetarte, y dejar de sonreír. Mi especialidad fue querer controlarte, manipulación tras manipulación, hasta me enfurecí porque mi expectativa no cumpliste ¡Fui un déspota contigo! ¡Una calamidad!

Ahora, me pido perdón. Me pido perdón por vaciarme tan a prisa, consumiendo sensaciones de podredumbre: ira, egoísmo, resentimiento; de esas que apestan como la mierda de una vaca. Mi problema es no haberme amado, que dejé los días de cariño conmigo -en soledad-; mi error fue salirme de mí, entre arrogancia y vanidad. Abandoné con severidad el tratamiento espiritual que me incumbe; por miedo a confrontar mis dolores y heridas, llagué profundamente a los demás. Por no aceptar que a toda costa el problema soy yo, estuve muerto en vida. Me pido perdón por desatender la imperiosa necesidad de nutrirme de comportamientos amorosos. Me pido perdón por no haber jugado de mi lado, buscando mi paz, velando por mi tranquilidad; por el afán de corregir la realidad ya establecida. Discúlpame, Paco, por no gozar la tristeza y el contento. Me esclavicé a la autodestrucción, y permití el corroer de mi alma, entre vicios y odios. Por eso, me pido perdón.

Liberado,

Paco Talcós

P.D. ¿Podría darme chance de insistir en culpar? ¿Podría dejar de mirarme y después apuntar a los demás?

Por Gustavo Llorente

Copyright © Todos los Derechos Reservados

Foto: Amaya Martínez (@amayamartinezphotography)

 

 

 

5 comentarios en “TE PIDO PERDÓN

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