Miércoles 5 de abril de 2017 a las 13:00

    A medio día tomé terapia con el señor Alcibiades Papacostas, hombre de mirada luminosa y azul; trabajamos en la reconexión de mente y cuerpo, estructuras separadas por complejos que arrastro. Me encomendó crear un cuento sobre mi problema, tarea que no desarrollaré hoy por un imprevisto que me trajo hasta esta página.

Salí del edificio para entrar en calor de ideas, caminé por las calles de la Colonia Roma hasta topar con el Dosis Café. Entré para estirar unas líneas. Miré el menú empotrado en la parte superior de la pared, en eso escuché una voz a mis espaldas: ¿Qué prefieres morir pronto siendo rico y famoso, o vivir siendo pobre y marginado? Voltée y era un viejo señalando el letrero donde estaba descrita la frase; se rió y me dijo: a mí me vale verga, yo sólo quiero vivir. Estimo que su estatura era de metro y medio, estaba desaliñado, mugroso, era un indigente. Le dije que sí valía verga y le ofrecí un café. Me lo negó rotundamente, encima, sacó de su mochilita un libro de Octavio Paz titulado “Hombres en su siglo”, me lo regaló. No le parecía prudente consumir en ese lugar; al encargado de la caja le cuestionó que si el agua de coco venía con hielos. ¿Por qué pagaría treinta y cinco pesos por un agua tan pinche? Me comentó que con eso él comía, y en abundancia… por eso no me aceptó el café. Saqué de mi mochila los cuentos completos de Borges, tampoco lo aceptó. Me di por vencido y me fui a las mesas de afuera a esperar mi café.

Se llama Jorge, en sus palabras: “El George”. Portaba un abrigo morado y femenino, debajo una camiseta negra con botones; sus pantalones eran oscuros y los tenis permitían la respiración de los talones. Hoy se adornó con collares fabricados de diminutas pelotas plásticas de varios colores. Me preguntó que si podía sentarse conmigo y empezó el diálogo…

GEORGE – Me atrajo tu mirada, yo no hablo con cualquier pendejo. Normalmente la gente me ve con desprecio, la gente me discrimina, les doy asco… después, les sonrío y les digo: ¡Mira! No tengo dientes, no muerdo. La verdad es que no me importa el juicio que emiten, lo único importante ya lo tengo ahora, la capacidad de dar. Darte, pero darte lo que tú me dices que necesitas en este momento; lo demás me vale verga, yo quiero vivir. No miento, no manipulo, te digo las cosas derechas; así que pregúntame lo que quieras, son muchos mis conocimientos.

YO – ¿Quieres algo de comer? Fíjate que soy escritor deberíamos hacer un cuento sobre tu vida…

GEORGE – Vivo enfrente de Pabellón Cuauhtémoc, en un parque… al lado hay un lugar donde puedo comer y llenarme con lo que aquí cuesta el agua de coco. Si me das diez pesos te agradeceré, sólo si te nace, no quiero que me los des por compromiso. Mi pareja -Claudia- y yo recolectamos dinero durante el día para poder comer. Ahora me espera, pero quiero platicar contigo. La primera cosa que quiero compartirte es que el alumno NUNCA supera al maestro, porque el alumno no sería lo que es sin las enseñanzas del mentor; hoy tú eres mi alumno… Vivo así porque lo demás es vanidad; escríbelo, luego me falla la memoria… Tu objetivo en la vida es uno: ganar, ponte a ganar, gánale al qué dirán; la única forma de lograrlo es fijándolo como lo esencial. Lo otro vale verga.

YO – ¿Cómo llegaste hasta aquí? ¿Podrías platicarme de tu infancia? (Se le llenaron los ojos de lágrimas)

GEORGE – Hijo de puta, nunca me han preguntado eso… me la pones difícil, y más difícil porque te dije que no miento… no puedo mentirte. Vamos a hacer un trato, hay que vernos todas las semanas, el día y a la hora que tú quieras; entonces podré platicarte todo. Te la voy a contar para que la escribas… no te voy a leer porque me vale verga… lo hago porque quiero que escribas. Sigue escribiendo ¡Escribe! Sólo una cosa: al final de cuentas, no seas escritor, sé el mejor. Ni mecánico, ni ingeniero, ni bailarín… EL MEJOR. Los traumas y complejos son para pendejos… apunta eso.

Mientras tanto la gente caminaba y se quedaban azorados viendo que conversábamos, escuché que una mujer le decía a su amiga: ¿Qué hace esa rata sentada?; otro dijo: ¿Qué es eso? Y así contemplé la extrañeza con la que miraban a un joven de camisa con un indigente. A George verdaderamente le valía verga. Los que estaban adentro del café también tenían la mirada perpleja, como pensando que el viejo perturbaba mi paz; todo estaba lejos de eso, sí que me estaba amaestrando. De a de veras.

YO – ¿Seguro que no quieres comer algo?

GEORGE – No, la verdad es que quiero comer con Claudia; ella tiene hambre, igual que yo… me conozco, si ahora como algo voy a llegar satisfecho con ella, prefiero compartir. Mejor me espero. También es indigente, vivimos juntos; te la quiero presentar. Algo pasa con el buen karma, siempre nos cae algo, comida o dinero, la gente huele cuando a pesar de estar mugroso eres bueno (Al momento salió del café un señor y le dio una bolsa con algún panqué) … ¡Ya ves! Lo partiré con Claudia. Se trata de compartir, lo demás vale verga. ¿Qué día nos reunimos? Ya tengo que irme.

YO – Pues, hay que encontrarnos por aquí de vez en cuando.

GEORGE – ¡NO! Eso no funciona. Tenemos que comprometernos. Yo no te voy a leer. Quiero verte y cerciorarme de que leíste el libro que te regalé, también quiero estar seguro de que sigues escribiendo…

YO – Bueno, los miércoles a la 1 pm te veo en este café.

GEORGE – Cámara, mi hermano. Los traumas y complejos son de… (Me sonrió sin sus dientes, me puso el puño y se dio media vuelta).

Reafirmé la existencia de Dios a través de un indigente. Ayer no encontraba la inspiración, pensé en dejar de escribir por la incertidumbre que causa mi profesión; esta mañana acudí a terapia para superar ciertos complejos… George no sabía nada de esto… Me habló de los complejos, y me dijo: SIGUE ESCRIBIENDO.

Por Gustavo Llorente

16 comentarios en “GEORGE “EL INDIGENTE DE LA COLONIA ROMA”: Anécdota real

  1. ¡Que bendición que compartas esta experiencia!, agradezco leerte en este preciso momento en el cual me sentía “algo entre traumada y acomplejada”, ¡vaya que ese hombre ha logrado darme una lección!, a través de sus palabras y por medio tuyo… :D
    ¡Dios está presente… Y no es a quién le hable, sino quién le escucha!

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  2. Paco, esto es una excelente obra. Hace poco decidí un proyecto de escribir semanalmente historias como estas, justamente para provocar tales situaciones, que un indigente me hable, la persona al lado en el colectivo, el vecino al que nunca me acerqué y tener la oportunidad de leer esto, pudiendo imaginar la situación cual si fuera película, me ha encantado. “Sigue escribiendo” y ahora, lo haré yo!

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  3. Espero ansiosa la historia de George. Siempre he querido hacer algo así, platicar con indigentes, saber sus historias, convivir con ellos, pero, para una mujer joven, hay ciertos riesgos que aún no me he podido atrever a correr.

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