Hoy tengo la dicha y la responsabilidad de erradicar la prostitución en la Ciudad de México -decía Javier G. Velázquez en el discurso inicial-. Coludido con mis hermanos y dos amigos de la obra hemos resuelto que con esta nueva fundación abriremos un campo estratégico en contra de la trata de personas. Son muchos los valores que se han perdido en nuestra sociedad, se pisotean dignidades; con la ayuda de todos y a través de “Ni un peso por sexo A.C.” transmitiremos a las familias mexicanas la sanidad en lo sexual. La raíz será concientizar a la sociedad acerca del terrible infierno que las prostitutas sufren, durmiendo siempre amedrentadas por los que se jactan de ser dueños de su cuerpo. Contamos con ustedes e infinitas gracias.

(Se escucha una tremenda ovación y un sinfín de aplausos en la EXPO)

Javier era un hombre recto y especialmente disciplinado. Se despertaba a las cinco de la mañana para rodar la bicicleta dos horas, desayunaba nopal asado con queso panela al lado de su esposa; su matrimonio con mínimas bajas llevaba veinte años, y siempre estaba al pendiente de que sus hijos se encaminaran al colegio. Dormía poco, trabajaba y viajaba. El pelo cano combinaba con la corbata, su energía en la dirección de la empresa era congruente con la seriedad. Pasaron los años y el tipo seguía dándole mantenimiento a su carácter; mejoró en oratoria, prosperaron los negocios, la conducta en casa era estructurada. Hasta podía pagar personal en la casa de campo y en la de base. La fundación siempre prolífica, exitosa, con resultados visibles.

          Lorenza -dijo Javier-: esta semana cerraré inversiones en Sudamérica, juro que pisando México haremos maletas para celebrar nuestras bodas de plata; propongo que tomemos un crucero por el Caribe. Ella sonrió y emocionada le contestó: ¡Claro! Yo también te tengo un regalo ¡eh! Me gustaría que fuéramos con el cura para que nos bendiga, y así todo siga viento en popa.

(Se abrazan unos segundos, y Lorenza grita: ¡Niños! ¡A cenar!)

Esta vez Javier viajaba solo, se sentó en la sala de espera para hacer las últimas llamadas antes de subir al avión; pudo despedirse de su esposa, pudo decirle que la amaba… Al momento del despegue los motores rechinaban escalofriantemente; llovía y las gotas golpeteaban el copete del avión haciéndolo tronar. Mucha turbulencia, movimientos violentos e indescifrables; todo se sacudía. Javier palidecía, se puso a orar apretando las mandíbulas y los puños, ahora sí sentía que iba a morirse. El avión subía y bajaba sin planear, descendía varios metros de forma abrupta… De pronto, el vuelo tomó técnica y ascendieron sin más problemas. La libraron. Después del desayuno los motores volvieron a lanzar un aviso con los mismos ruidos, surgió la falla, comenzó rápidamente la caída libre; iban en picada sin detenerse, las alarmas se encendieron, el piloto anunciaba la depuración: ¡todos con sus cinturones de seguridad! Bajaban rompiendo con fuerza todos los vientos… ¡AHORA SÍ SENTÍA QUE IBA A MORIRSE! La angustia de todos se manifestaba en gritos desesperados; ya estaba a cuatro mil pies y la velocidad de la caída incrementaba. Todo pasaba en eternos segundos, el pecho de todos se desagarraba… Javier dejaría a su familia, pero la destreza del copiloto estabilizó la nave, salvando varias almas de la tragedia y lograron aterrizar de emergencia en el aeropuerto de Cancún.

Por la noche Javier le marcó a Lorenza

          Mi amor, sentí que no volverías a escuchar mi voz. Estuvimos a segundos de estrellarnos, hubo una falla en los motores del avión… Ahora estoy en Cancún y me quedaré aquí un par de días en lo que sale el próximo vuelo. Todo está bien, no tendré que prolongar mi visita… Sigue en pie lo planeado.

          ¡Bendito sea el Señor! Ni te agobies más. Aquí las cosas están en orden, salvo las calificaciones de Fede. Espero que el siguiente avión esté en buenas condiciones… Javi, se te olvidó depositarme ¿podrás hacerlo? Tu hermano también insiste en que hagas la transferencia del donativo de este mes para “Ni un peso por sexo”.

          Lo haré. Despreocúpate. Tengo que colgar. Nos vemos pronto.

La mañana siguiente despertó con un humor no habitual, le alcanzó para salir a trotar a la playa; también pudo ir al banco para hacer los pagos. Regresó al cuarto de hotel y no salió más. Ahí trabajó, tomó siestas y ordenó comida. Tuvo sentimientos llenos de apatía, de cualidad depresiva; se sentía harto, desesperado. Pensaba en todo y en nada; esto le destapó una ola de nervios que detonaban la frustración de estar enclaustrado ese día. Manejaba las emociones a pesar de que su semblante parecía el de un enajenado. A las siete de la noche, mientras caminaba del baño al escritorio le sobrevino una idea… La borró puesto que sintió horror sólo de pensarla. Se asustó de manera importante por ese nuevo proceso mental nunca antes tenido. Se enfocó en trabajar para distraerse en los proyectos que estaban en puerta; al poco tiempo el pensamiento regresó, estuvo diez minutos consintiendo la idea hasta que cayó en la tentación y le dio click a una página pornográfica. Hacía años que no navegaba por ahí, la novedad fue que no le generó ningún tipo de culpa; de hecho, terminó la visita y le redactó un mensaje de buenas noches a su esposa, al que ella respondió con un cálido: igualmente.

Ordenó la cena: una ensalada de frutos rojos con almendras. Estaba en calma total. Ya era tiempo de dormir, debía estar en el aeropuerto desde la madrugada. Se echó un regaderazo de agua caliente y al cerrar la llave hizo una pausa… Se quedó pensando….

Regresó a la computadora, la prendió, abrió el buscador y escribió: Scorts a domicilio. Brotaron millones de pensamientos a la mente de Javier, pasaban sin piedad ni sentido; sentía nervios colosales, adrenalina ardiente, la cabeza por reventar. Todo dentro de él se colapsaba, algo le trituraba las entrañas, tenía enojo y repulsión. Recorrían su cuerpo ejércitos de animales punzantes… Una vez más estaba a sólo un click, a una llamada…

¡TOC, TOC, TOC!

          Bienvenidos al décimo aniversario de “Ni un peso por sexo” -decía Javier-.

Por Gustavo Llorente

@pacotalcos

Foto: Amaya Martínez (@amayamartinezphotography)

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2 comentarios en ““NI UN PESO POR SEXO”

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