Me reprocháis la desmesura, y yo os reprocho la ceguera. Yo veo mejor que vosotros el devenir. Y, aunque lo vea mal, aunque me equivoque, tengo al menos el mérito de confiar en la grandeza de los hombres, de apremiarlos a que acaten el contrato místico que los une al mundo, de lanzarlos hacia la vida épica con eso que vosotros llamáis “sus pobres bracitos”, en los que, sin embargo, el viento heroico hará crecer las plumas del águila. – Jean Giono

Ciudad de México, 10 de junio de 2017

Natalia,

Celebro que hayas aceptado que nos carteemos sin habernos conocido. Por medio de la tecnología nos conectamos. Tal y como hablamos por Instagram, extrañamos el olor del papel y mancharnos los dedos de tinta. Te escribo para hacerte una aproximación de lo que en el presente siento. Hoy no he podido escribir. Desde hace tiempo traigo una punzada en el corazón. Salgo a caminar a las calles de la Colonia Roma buscando experiencias, buscando sentir algo distinto. Me he encontrado con algo: a pesar de mis intenciones, parece que los expertos en artes escénicas, que somos todos, montamos una obra oprimiendo la realidad. Por eso mi desilusión, y mi hastío por compartir.

Hace unos meses terminé una relación, podría decirte que nos separó el asunto de querer ser alguien para el mundo. En otras palabras, el ego nos separó. No es una anomalía del amor, pasa en los noviazgos y matrimonios que conozco. Señal de que así iniciamos algún tipo de relación. Muestra fidedigna de las experiencias compartidas. Acaba como empezó. Se desenvuelve como siempre fue. Concentrado en mostrar nuestras cualidades para conquistar al otro. Conquistarlo en todo el sentido de la palabra. En tu caso, ¿crees encontrar algún día a alguien que conserve la sensibilidad y tenga por insalubre el dominio sobre la pareja?

Vengo saliendo de una obsesión, aunque parece que escribiéndote persiste, busqué y salí con varias mujeres. Estuve altamente ansioso. Me esperancé en que alguna me dijera: Me he conocido desde el momento que me separé de salir con la actitud de siempre. No pasó. Mis fantasías me conducen al sufrimiento. O más bien, mis exigencias. ¿Por qué perdemos de vista que vivimos satisfaciendo deseos con el pensamiento y con los actos?

Tal vez, la mejor opción sea dejar de relacionarme sentimentalmente. Sin renunciar al amor. Al amor por las personas en general. Es menester que sacuda de mi mente tantas ideas ilusorias. Dejar de imaginar el estado de enamoramiento, dejar de añorar caminar de la mano con alguien comiendo helado porque es el puro reflejo de mi vacío. No busco orientación ni consejo, pero ¿tú sientes lo mismo?

Josemaría V.

  Guadalajara, 18 de julio de 2017

Hola, Chema

Leyendo tu carta lo único que pude pensar es que eres un tipo bastante trágico. Te haces y me hiciste muchas preguntas. Ni quise contestarte. No es mi estilo y la verdad nunca lo he hecho. Con todo y todo empecé a escribir mis respuestas. Después la tuve que dejar porque fui a la universidad. A la mitad de la clase me quedé dormida. Lo chistoso es que desperté de muy buen humor, no sé por qué, pero sentí que había sido la mejor siesta de mi vida. Fui a la cafetería y por alguna razón hacía reír a los que me encontraba. Salí y cayó una buena lluvia. Me empapé corriendo del salón al estacionamiento. No tenía ganas de mucho. Llegando a mi casa pasó algo que me tiene escribiéndote. Me dio emoción pensar en la dinámica que pusimos de mandarnos cartas. Algo habré soñado en clase que me hizo pensar así. Hice bolita el papel donde había empezado a escribirte y la tiré, esta es la nueva. Tu disculparás si tengo errores gramaticales, ortográficos, de redacción, o si repito palabras.

Releí tu carta, me di cuenta de algo, no estás tan loco jaja. Hace mucho sentido lo que dices. Quizá sí estemos dentro de una tragedia jaja. Pienso que trasmites la frustración que todos tenemos, hablas por corazones cobardes como el mío. Me contagiaste. Hasta ahora me doy cuenta de que he vivido en una zona de confort. No le hago caso a mis sentimientos. Los evado. No es tan agradable sentirlos jaja. Los acomodo para no verlos, ya me lo había dicho mi psicóloga.

En cuanto mis relaciones, está claro que, entre ellos y yo, hemos dejado un hueco desde el momento de conocernos. Nos ponemos a interpretar un papel, seguimos un guion e incluimos forzosamente personajes como: amigas, familia, exnovios. Una y otra vez aparecen los celos, las discusiones, las mismas palabras de amor. De todos he sido “la mejor persona que han conocido”. Siempre es el mismo clímax y desenlace. Al final de cuentas, todos los noviazgos son iguales. Qué triste. Aunque no queramos aceptarlo, con pareja o sin pareja, consciente o inconscientemente, vivimos buscando sentir “la alegría con el otro” o encontrar a “alguien con el que hagamos una historia increíble”. Como tú dices: “bajo el yugo de las relaciones preestablecidas.” Comillas, comillas, comillas jaja.

Llevo saliendo un mes con un “niño” que me gusta bastante, en teoría queremos formalizarlo. Tenemos gustos parecidos, nos reímos un buen, no es intenso, me entiende bien. Es un personaje atípico y de diferentes escenarios. Pero me has hecho reflexionar, esta vez no será distinto, sólo me estoy mintiendo. Es parte del juego, saltar de novio en novio intentando que sea exageradamente mejor. Estoy emocionalmente disponible, pero con tu carta me doy cuenta de que nunca he trabajado eso de las ilusiones y fantasías. Sigo pensando igual. Me da miedo seguir así, casarme con los mismos pensamientos. Nunca me he atrevido a dejarlos a un lado, ahora con un poco de luz creo que es tiempo de hacerme consciente. No quiero tener hijos y enseñarles lo mismo. ¿Qué me recomiendas? Lo que sí sé es que ya no quiero esperar a que sea fin de semana para poder estar contenta.

Chema, hiciste que me frustrara, o más bien, sentí tu frustración. Así despertaste la mía, con la verdad. A nadie le gusta verla. Tengo miedo. Seguro muchas personas te han rechazado por eso. No sé por qué estoy escribiendo esto, ni por qué a ti en específico. No sé qué me está pasando. ¿Qué hiciste? Después de esta carta, que por cierto es muy larga, estoy segura de que no lo volveré a hacer más. Siempre me pasa, regreso a la misma actitud acostumbrada, valga la redundancia. Espero que leas esta y perdón si desaparezco. Espero que encuentres a alguien con la que sí disfrutes estar. Bueno, voy a dormirme. Tómate tu tiempo para contestar, no hay prisa, eh. Suerte.

Ah, una pregunta: si todo está montado bajo artes escénicas ¿Quién es el director de la obra y por qué? Espero que no estés buscando tener algo conmigo, de amigos preguntones está bien.

Un beso,

Natalia.

Ciudad de México, 8 de agosto de 2017

Natalia,

No busco nada contigo, no te conozco. Relájate. Te digo que de inmediato se repiten los patrones, poner límites innecesarios. Es probable que tengas razón, puede ser mejor aclarar para no tener malentendidos. Pero ¡qué flojera!

Continuando con nuestro diálogo, ayer di una clase sobre creación literaria, en específico del trasfondo que esconde cada frase de los escritores afamados. Van más allá de lo literal. Tienen significados inacabables. Analizamos “Táctica y Estrategia” de Benedetti: “para que entre los dos no haya telón”. Algo así quiero. Con la que Dios disponga. Encontrar a alguien que —sin importar el director de la obra ni los personajes— pueda escapar del escenario montado, que ni al teatro acuda. Creo que así me sacudo tu pregunta.

Déjame hablar, si no contestas la carta no me decepcionarás, y si lo hicieras tampoco ese sería el problema, pero supongo que no quieres mantenerte estancada en ser la misma de siempre. Así que, por favor, respóndeme.

Es bueno que te hayas dado cuenta de tantas cosas, no fue mi intención. Sólo toma en cuenta que del dicho al hecho hay mucho trecho. Hazle saber a tu galán los sentires que cargas. También, avísale que iré a verte pronto. Quiero conocerte en persona.

Josemaría V.

Guadalajara, 13 de agosto de 2017

Para Chema “el considerado” o “el irreverente”:

Respuesta rápida: omití la parte de decirle que vendrás ¡JA! Hasta crees, si vienes de todos modos no vas conocerme. Lo que sí no dije fue el porqué de mi desanimo de seguir con él. Bajo nuestra premisa, no lo entendería. No ha sentido el tedio, creo. Fue un reto callarme. Fue un reto decirle lo de siempre: “no estoy lista para tener algo serio”. Y es verdad, pero ¿por qué decimos “algo serio”? ¿Por qué tendría que serlo? Estas mismas preguntas reafirmaron mi desesperación por lo preestablecido. Picaste un botón en mí. Ahora tengo desesperanza. Oye, aunque yo también quiera conocerte, dejémosla en cartas, ¿ok? Ni quiero ni estoy dispuesta a “tener una cita”. No busques convencerme, amigo. No quiero echar esto a perder. Estás siendo un gran psicólogo jaja, cuando te escribo me siento liberada, siento que no te debo nada y de todos modos me leerás. ¿Puedo seguir contándote lo que siento?

No le he dicho a nadie que me escribo con un desconocido. Bueno, mi mamá obviamente sabe porque aquí llegan tus cartas jaja. La verdad es que quiero dejar de hacerlo, pero como dices en tus textos: “veo el tintero en ebullición”. Una de tus frases con sentido. Hasta me está saliendo lo poetiza jaja. Me dio vergüenza acordarme que te describí a “mi galán” como alguien no-intenso, entendí que es otro de los conceptos que, como muchas mujeres, he hecho mío y no lo es.

Me he estado preguntando otra cosa, ya que mencionas a Dios, ¿existe? Y si existe ¿algún día me pondrá a alguien en el camino con una visión más sensible? ¿Se lo puedo pedir? No sé de dónde salieron estas ganas de entender varias cosas, ahora sí de verdad…

Ya lo había hecho o sentido, “quiero encontrarme en la India”. Me fui, pero siguieron los mismos pensamientos y manías. Después renacieron esas ganas, viajé con amigas a Centroamérica, todas con la misma intención. La verdad es que en el fondo seguíamos siendo iguales, parte era huir de la realidad, parte que la gente lo supiera. No era genuino el “encuentro”. Me compré varias ideas de ellas, entre algunas, que la marihuana nos ayudaría a entrar en nosotras y que no era malo. De hecho, fui necia y seguí haciéndolo tiempo después, adoptando una personalidad ajena a mí. Al final seguí siendo la misma de siempre. Lo sigo siendo, ¿para qué vuelvo a engañarme?

Esta vez quiero hacerlo, sin que nadie lo sepa, sin tener que presumirlo, sin sustancias. Me encantaría tener un sentimiento más fuerte por vivir.

Un beso,

Natalia

Ciudad de México, 27 de septiembre de 2017

Natalia,

Lo que me has hecho sentir con tu carta es innombrable. Te lo agradezco. Ahora yo quiero emprender un viaje similar, con tanta fe. He despertado con un presentimiento divinizado. Hasta acepto no conocerte en persona, ya tuvo todo el sentido el carteo. Después de varias relaciones en mi vida, en papel la he pasado mejor que en muchas de las cenas románticas. Sigue escribiéndome, ni siquiera tienes que pedirlo. Eres como lumbrera sin darte cuenta. No me pidas consejos, están dentro de ti. Vamos a escribirnos y punto. Qué fuerza tiene tu pluma.

¿Por qué te preguntas como debes hablarle a Dios? Él se la pasa riendo y creando eventos amorosos para nosotros, háblale como quieras; es más, no lo respetes tanto. Verá la inmensa confianza que le tienes y pronto sentirás la dicha de haberle abierto el corazón.

Te contaba que estuve desilusionado con la realidad, seriamente consideré en dejar de escribir. Ayer terminando de comer pedí un Uber, abrí la puerta del copiloto y vi postrada sobre el asiento mi primer y única novela. El conductor me dijo: echa ese libro para atrás, lo acaba de olvidar un joven. Natalia, así de grande es Dios. Hoy me siento con más fuerza que en toda mi vida. Yo le he pedido que me inspire para escribir y ayer me sorprendió con un plan que rebasa por demasiado mi razón. En fin, de eso estoy seguro, habitamos dentro de un Dios amoroso que dejamos de concebir como lo más importante que tenemos. El ser humano se ha atrevido a encasillarlo en religiones, dogmas, características y dudas. Es perfectamente inmenso como para ponerle un corsé del hombre.

Gracias por la confianza de sincerarte conmigo. Veo que tienes una cualidad: lo que identificas en los demás primero lo ves en ti, y eso es un avance que pocos tienen en vida. Es pan comido hablar sobre los demás. Te agradezco, otra vez. Saludos a tu madre jaja.

Josemaría V.

Guadalajara, 27 de octubre de 2017

Chema,

He regresado de mi viaje. Me ahorro detalles. Quiero conservarlo dentro de mí. Tal vez en el futuro lo comparta. Con eso me quedo: se trata de compartir, lo que en verdad soy.

Muchísimas gracias por todo, millones de gracias. Te quiero mucho.

Un beso,

Natalia

Ciudad de México, 22 de noviembre de 2017

Natalia,

Me dejas helado. Mi primer y única novela se llama 365 Regalos. Salieron cincuenta ejemplares. Quién sabe en qué escritorio están, andan desperdigados por ahí. Después de eso no escribí ni una línea creativa durante años. Pasaron dos cosas: tú y el Uber. Es decir, tú y Dios. Un desconocido impregnó mi alma con dicha, un desconocido me conoce mejor que mis allegados, un desconocido se ha vuelto más familiar. Ese eres tú. Epistolarmente conocí una fuente de inspiración, y esa has sido tú.

En un mes volví a poner un punto final. Mañana estará mi nueva novela deambulando en Internet. La temática está fundada en nuestras cartas. Le di el título de El sobre de una nueva vida. Ojalá puedas leerla. Le platiqué a mi padre sobre la raíz de la historia, así que se autonombró el encargado de escribir el prólogo del libro. Te lo comparto de una vez:

Gran descubrimiento. De esos casuales. Me topo con raro escrito. Afín a mí. Me ha pasado ya antes. Desearía poner lo que él puso. Se escondió bajo pseudónimo y no puedo felicitarlo. Lo hago aquí. Sin que él lo sepa. Escribe con sangre y mucha convicción. Desgarrado y preciso. Y ¿Qué creen?: para no desentonar con otros grandes, ¡tiene su musa! La musa arranca acentos hondos. La musa hace que acierte. La musa le da puntería. Es la musa que apuntala y sostiene. No es sencillo cruzársela en el camino. Escasean.

Quiero ocultar mi identidad, al igual que él. Carezco de su destreza. Pero comparto sus opiniones, sus sentires. Ése amor del que habla es como catedral gótica. Tiene de todo. Es arquitectura, es escultura, es pintura, es vitral. Su potencia verbal necesita acudir a cuanto puede. Siento que aquello que escribe no quedaba más solución que escribirlo. Lo tenía a flor de piel, a punta de pluma. O lo escribía o reventaba. Así es como se acerca lo que escribe y lo que siente. Y Dios. Siempre Dios. Merodeando por ahí. Asomándose a cada paso. Vigilante perpetuo y amoroso. Y adiós.

Natalia, te quiero igual que tú a mí y eso es un regalo. Te agradezco igual que tú a mí y eso ha sido Dios.

Para siempre agradecido,

Josemaría V.

Ciudad de México, 1 de diciembre de 2017

Chema,

No me gustó el final de tu novela. ¿Cómo que nunca se conocen? Por eso estoy aquí, sentada en un café cerquita de la dirección que pones en las cartas. Supongo que es tu casa. Me gustaría verte aquí mismo este sábado a las 5pm. Personalmente voy a aventar “el sobre de una nueva vida” por debajo de tu puerta. No faltes, eh. ¡Ya te quiero conocer!

Un beso,

Natalia

FIN DEL CARTEO

Por Gustavo Llorente

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Foto: Amaya Martínez (@amayamartinezphotography)

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