Me dirás, bueno, para ti, pero las más exactas leyes de la Geometría agregan valores numéricos no morales; es Ciencia y yo voy de acuerdo con ella. Sí es, empíricamente, la más corta, y tú vienes infundado a querer modificar la realidad con subjetivismos. No sólo eso, con arrogancia y rebeldía buscas amoldarla a tu antojo; no habrá quien comparta ese título contigo, no cuando se trata de un axioma empolvado, falaz. Una respuesta directa al truco que enuncia tu texto: Cualquiera puede acceder al concepto geométrico porque está comprobado y eso lo vuelve superior. Mejor. Es lo que es, no se intercala con Filosofía. Para llegar a Europa desde Estados Unidos no sobrevuelas Oceanía ni El Congo.  

Y sí, tienes razón. Claro que la tienes. Sólo dame puerta para exponer algunos ejemplos, son cuatro. Empiezo por lo burdo, por la piel de mi creencia.

   Imaginemos que estás parada/o sobre la avenida que te lleva directo a casa, en línea recta; por ahí pasan bastantes taxis, y más, a la hora que marca el reloj de tal momento. A un costado tienes un jardín de unas cuatrocientas hectáreas; verde como los limones maduros; el color de las copas de sus árboles señorea, es aún más hermoso que el del jade; hay perennifolios, fagáceas, coníferas, casi podría ser un bosque. Qué delicia de olor el que se desprende de todos ellos arrellanados, de las cascadas y riachuelos, del pasto y de la tierra húmeda, de todo ese verdor que significa pureza. Qué bonito se siente pisar las piedritas de los trechos, patearlas y verlas galopar hasta estrellarse contra una escultura. Regresando a tema, donde termina o empieza el jardín hay una callejuela, casi siempre puntuales se estacionan dos camiones cada cuarenta minutos; el primero va rumbo al centro haciendo paradas —una de ellas la hace en la exacta coordenada del barrio en el que vives—, el otro se dirige al norte —definitivamente no te conviene tomar ese—. Entonces, hay de dos, levantar la mano y subirte a un taxi para llegar en veinte minutos a tu casa, y así, relajarte en el sillón de la sala de tele, o cruzar el cuerpo verde hasta llegar al camión que, dando algunas vueltas, te botará al pie de tu barrio.

Bajo un esquema racional, o más bien, bajo el yugo del raciocinio, es estúpido siquiera pensar que, después de un exhaustivo día de trabajo, hiciéramos el segundo trayecto para llegar a casa. Sería una pérdida de tiempo y de energía. Dos horas como mínimo. Lo que en este caso es invisible a los ojos es la ganancia de andar sobre el jardín. Es decir, lo que ocurre siempre que nos adentramos en la imponente naturaleza, es decir, en la experiencia. El reacomodo de ideas, la experiencia visual y odorífica, la serenidad, y la conexión en soledad. Hacer esto diariamente es otro de mis subjetivismos. Puedes o no aceptarlo.

   El siguiente ejemplo, por poco más profundo, serán los órganos de mi creencia. Algo tiene de imaginativo y creativo. Delante de ti está la suerte, posa una mujer o un hombre que te ha provocado un palpitar acelerado; sientes la fuerza atrayente, como si algo los jalara hacia la misma mesa; es un ser hermoso, es luz y es todo. ¿Por qué es una inmensa noticia? Porque además de que sucede pocas veces en la vida, ella o él percibe la misma sensación que tú. En el enigmático campo de la atracción no queda espacio para el planteamiento del discurso inicial; aparece la certeza de que ocurrirá; fue el destino, fue el tiempo, la suerte, y la fuerza del sentimiento en comunión. Sólo hay que soltar un par de pasos, lo atroz es darse media vuelta y huir. Pero, tengo que aclarar algo, quedarse y aproximarse, tiene el idéntico valor del que se rige por la bien probada ley de la distancia más corta entre dos puntos. La línea recta hacia casa. Es el impulsivo acto de enamorarse, o sea, un sentimiento vacío; podrá arder de momento, pero será efímero, y el final es la llama que se extingue sin más, por haber sido mera ilusión y puro mariposeo. Y no, no, no trae consigo el montón de aromas por descubrir que existe en el veraz plan del destino. Tampoco es el encuentro con el amor y la intimidad que da vueltas hasta que el palpitar ocurre con un alma ya conocida, cuando la fuerza de la conexión a raíz de conocerse los sienta en la misma mesa. No son las tantísimas sorpresas que vienen a la vista tras labrar el terreno que se respirará conjuntamente. Por lo que hurgar en el alma de una mujer o de un hombre, lentamente, será el jardín. El camino ilógico. 

Además, la salud de una relación, su duración, depende del tipo de exploración, y estoy cierto de que la valiosa es esa que inició sin tanto ímpetu ni empuje. Sí es la vía complicada, tal vez sea desaprovechar una oportunidad latente que la realidad fabricó, pero también es verdad que, de no ser así, se comportaría igual que la opción de subirte a un taxi. Evadir la guía de la ruta corta, suene extremista, radical y necio, conlleva a la plenitud; misma que hará vibrar el amor reencontrado un millar de veces. ¿Por qué no tomar el camino simple de vez en cuando? Habrá ocasiones en que sea la óptima decisión, no se trata de dificultarse la vida o de ser impráctico; la efectividad es una gran cualidad. Y tendrías razón una vez más, pero mi sentir ya está aparejado con eso de la aventura, la espera y la paciencia. Donde se sabe que vendrá algo aún superior, porque ahora existo aconsejado por esa bondadosa idea quijotesca. Condición que será prolífica y transformará al éxito en costumbre.

Admito que tu razonamiento está embarazado de mayor seguridad y comodidad, también, sé que se llama A ciencia cierta, y que la Ciencia es lo mismo que los paradigmas aprehendidos. Es tan perfecto que te asegura un camino, sí lo hace, y simplemente no me apetece.

    Llegamos al ejemplo tres —probablemente con este ya pueda caer en la ignominia social, pero bueno se piensa que el escritor dice la verdad—, es la mente y el sistema nervioso de mi creencia. El hecho irrefutable que deviene del emparejamiento por atracción, de la prisa y la comodidad es uno: estudiar, ir a la universidad, trabajar, casarse, trabajar, trabajar, trabajar, y falta la muerte. Universidad de paga o pública, trabajo de esos que son en una oficina, de esos que disgustan, y el aburrimiento es el mismo de siempre. En cuanto al cónyuge, qué dolor, primeramente, así de arranque, lo bien visto es el matrimonio, casi como obligatorio; prontamente se puede negar mi afirmación, aunque ¿conocemos el inconsciente? Es difícil pensar que existe posibilidad de prescindir de esa escuela; con claridad podemos aceptar que desde la infancia es uno de los planes sembrados en la mente. La misma necesidad, no conforme con tener el tamaño de lo innato, elige a la pareja —eterna, por cierto—, bajo los cánones de la familia y la sociedad, es decir, desde la compra del anillo abruma la decisión que está tiernamente sesgada por una voz ajena a la propia. Repitiendo, lo mismo ocurre con la elección de la carrera, del trabajo, de la pareja. En una palabra: la distancia más corta entre dos puntos es la línea recta.

 Por la razón de que la existencia es simple, transigente, simbólica y abanico de posibilidades, qué bueno sería decir: sabes qué, sé feliz, no creas todo lo que te digo. Quizás, elegir el camino incómodo en una bifurcación, sea el método para descubrir y vivir el tan sobado y muerto concepto de “sé tú mismo y haz lo que te gusta”. Tal vez rompiendo el molde es como se encuentra la pasión, esa que rebasa el inconsciente. Por eso te niego desde ahora que también lo que pienso está sesgado; algunas áreas de mi ser lo estarán, pero han perdido peso por la aventura de entrar al jardín, por el estudio del ojo clínico para declarar mi amor, y por la libertad que mi alma siente cuando hago lo que me place. ¿Cuál es, entonces, la otra opción? No lo sé, no hay una, es una búsqueda inagotable. Es la modificación radical del pensamiento. La distancia larga. La imaginativa, la soñadora, la servicial y la que adorna las mejores experiencias dentro del mundo. Serán los hermosos paisajes y los olores frescos. Es la que promete alegría, mucha alegría. Borra el trazo del caminito a seguir y, seguro, dejarás de ser el súper humano atiborrado de perfección. Trabajarás en los cafés y los parques, serás libre. En una relación o en soledad. Siendo artista, porque dentro de todos existe un ser creativo capaz de lograrlo.

   Ahora, mi último argumento, aunque sea el final es por donde hay que empezar, porque sin esto no hay ni jardín, ni amor, ni creatividad. Las células. O bien, el esfuerzo espiritual. El cuarto ejemplo soy yo mismo, al que tengo que voltear a ver. Sabemos que lo que das recibes, y antes de eso, que no se puede dar lo que no se tiene. Entonces, al adoptar una vida espiritual la podrás dar, y darla traerá de vuelta más espiritualidad; así, el resultado de cualquier conducta, habiendo sido ya amaestrada por la generosidad, será un regalo. Siempre. Después de esto, haz lo que quieras.

Por ser la parte compleja me limito a ser concreto, porque entre más simple se habla de lo aparentemente inalcanzable mejor se comprende, hasta el punto de volverlo asequible y de tenerlo bien formado en la palma de la mano. La línea recta es tomarse un trago de alcohol en cuanto cualquier emoción aparece, es la intención de controlar a los que nos rodean, es exigirle cariño y amor a la persona amada, es aparentar para pertenecer socialmente y con esto adquirir seguridad, es, en pocas palabras, carecer de Dios; los que se suben al taxi, los que se lanzan por lo atractivo, los que no conocen su voz son la línea recta.

La espiritualidad es la distancia más larga entre dos puntos, la mejor, la enloquecida. Hay que renunciar a mucho. Ésta es de los que aprenden a sentir sin inhibirse, de los que buscan la experiencia, la sinrazón, de los que piensan en cómo servirle al otro y de los que, en mancuerna con Dios, encuentran el amor. En resumen: la de Los Quijotes. Qué hermosa vida la del artista que poco necesita. Y lo que el mundo necesita es más de estos que vienen sólo un rato y para mejorarlo.

No te agobies por la plata, también en este camino se encuentra.

Por Gustavo Llorente

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