—Está muy bien, ¿y ahora qué?

(Vuelve a hacerse el silencio sepulcral después del caos y se escucha como la voz de Dios: Si tienes vida… ¡Golpea!)

 

Querido Topo,

 

     Vimos que tu mirada está limpia. Te hablo desde el agradecimiento de muchos. Dedicas tu vida a prepararte. Bajo anonimidad. Saliendo a la luz cuando hay escombros. Es una obra silente, refugiada del aplauso. Para ser rescatista se necesita paz, para salvar vidas, también. Amigo topo, has estado dispuesto a saltar en cuanto la tragedia arrasa. Pasa el tiempo sin saber de ti. Si tan sólo pudiéramos conocerte más, pero ya ves, tu misión es devolver esperanza. Entonces, mantente escondido como ella, como la mejor de tus técnicas. Nos amistamos contigo sin importar la distancia. Hemos sentido la quietud.

Algo superior te ha tocado, remueves losa y varilla, dolor y agonía, todo lo que nos estorba. Entendimos que con casco rojo y el prestigio sepultado degustamos la plenitud. Dejaste entrever la simpleza, es decir, que, si el corazón se ensancha, tendremos de inquilino al amor, y el inquilino edifica con precisión. No exige. Aparece cuando le llaman. Se presenta con pala y pico con la intención de entregar el tesoro que guardó —durante años—, y lo regala hasta a cualquier desconocido.

Topo, qué huevos tienes. Arriesgaste tu pellejo. Lo tuyo no es nuestra angustia orgullosa, ni pretendes que te pongan atención. Más bien es encontrar el hueco para sacar un corazón latente; ser el cordón umbilical que reencuentra a un hijo con su madre. Y ahora nos toca a los demás. Nos toca aceptar que la realidad está agrietada. Reparar los huecos. Enmendar fracturas. Barnizar y pintar las paredes del hogar que compartimos; protegiéndolo —específicamente— de nuestro egoísmo. En otras palabras, impregnar de amor a la familia dejando bajo los escombros nuestra vieja actitud.

Decía Arreola en el Bestiario que, para atrapar topos, se utiliza como arma una trampa implementada con su propio sistema. Agujeros aparentes donde, al fondo, ocurre la mismísima muerte. Tú nos has contagiado de tu propio sistema, el del servicio, que no es más que una trampa que ilumina el alma. Lo aprehenderemos, y con fuerza le daremos un golpe a la mismísima… vida. Gracias, querido Topo, que Dios te bendiga. Que bendiga a tu familia, a tus manos. Y regresa al agujero donde habita la luz.

 

Te queremos,

Los mexicanos

Por Gustavo Llorente

Foto: @santogallo (Instagram)

3 comentarios en “QUERIDO TOPO

  1. Queridos Topos gracias por el servicio, trabajo y tiempo que dan para rescatar a las personas, que sin conocerlas, hacen mucho y dan lo mejor de ustedes, que Dios los bendiga y los guarde en todo momento, igual a sus familiares.

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