El vértigo significa que la profundidad que se abre ante nosotros nos atrae, nos seduce, despierta en nosotros el deseo de caer, del cual nos defendemos espantados – Milan Kundera

 

Estrepitosa desinformación. De por sí ya estamos ciegos. Arremetieron furiosos con conceptos y creencias anormales; se enemistaron de natura; esclavizaron.

Ya lo sabían los taoístas. Hace más de cinco mil años. La sexualidad es un arte, son “las artes de alcoba”. Es un complemento espiritual necesario. Incluso sabían lo que, una alarmante mayoría, casi unánime, desconoce actualmente: la eyaculación y el orgasmo son procesos distintos. El orgasmo ocurre previo al simple reflejo de la eyaculación. En Oriente están más sanamente avanzados. Nosotros, hemos involucionado. Hoy, es un tema turbio, hablamos de sexo apachurrados; apenas salen las palabras; apretamos y dulcificamos el tono de voz; nos intimidamos, quizás, por la separación con nuestra propia intimidad. Mientras ellos siguen hablando sobre la inyaculación. ¿Atesoramos, callamos, escondemos, estamos apenados del verdor de los bosques?  ¿Tenemos por amargo lo que es digno de contemplar? Sin temor a equivocarme, la sexualidad es espiritualidad. ¿No conocemos a la pareja dentro de “la alcoba”?

No es asunto mío profundizar en conceptos ni tecnicismos. No soy sexólogo. Soy un escritor liberado. El que desee de corazón entrar en los recovecos del inconsciente, lo hará; anhelará disfrutar un abismo ya descubierto y, a la vez, encubierto. Tampoco citaré comprobaciones científicas tan evidentes. Caería, por así decirlo, en un pleonasmo. Advierto, los hombres y las mujeres que se permiten disfrutar su sexualidad, son más felices. Por razón del bienestar físico, mental, emocional y espiritual, que la práctica produce. Claro, si es sexualidad y no desenfreno (a esto me refiero con lo del pleonasmo).  Al final de cuentas, el sexo tiene nada que ver con la moral, es un tema de salubridad.

Lo que sí me compete es dejar sobre la mesa algunas causas de la represión sexual. ¡Me compadezco de las mujeres! Han sido etiquetadas como putas, zorras, fáciles. Situación que se agrava, especialmente, en la sociedad mexicana que, por antonomasia, es misógina. Por otro lado, desde que vinimos al mundo siendo seres sexuados, desde niños, habiendo adquirido ínfima conciencia, nos bombardean con conceptos puritanos. Sin ápice de piedad, somos forzados a concebir el sexo como negativo. Nos dicen: respeta tu cuerpo, hasta que te cases, no te toques,  cuida tu imagen, sé puro, sé pura. Escuchamos juicios y críticas, la despiadada presión social; entonces, nos entumimos, la mente sufre por la contradicción y oposición del sentir y pensar. Aquéllos paradigmas son creados miles de años después de la prehistoria, por quien sabe qué creencias irreflexivas e inconscientes. Irreflexivas porque perdieron de vista que somos sexo, y la negación de lo que somos, merma profundamente la psicología y el espíritu. Inconscientes, del daño causado por las estigmatizaciones. Aunado a tal, nos impregnaron culpa, nos dijeron que era pecado, y mortal, y al infierno, eternamente. Justamente estas concepciones son el extremo radical de lo que la sexualidad es.

Por supuesto, hay efectos secundarios infalibles. Mientras seamos terrenales, hasta el final de la vida, aunque sea casados, estaremos sin la facultad de disfrutar la sexualidad. La represión deviene en frigidez, impotencia sexual, inhibición sexual, carencia de orgasmos, violaciones, pederastia, nula intimidad, frustración, culpabilidad, opresión, celotipia, ira, desconocimiento de sí mismo, desprendimiento de la integridad, procreación sin intención, relaciones incestuosas, depravaciones, abusos físicos y emocionales, imposibilidad de eyacular, trastornos psíquicos, y hasta el deseo de que el otro desaparezca tras consumar la relación. La lista de defectos, en serio, es interminable. Y cuando llegue el momento de encamarse, podemos estar seguros de que será con egoísmo, seguirá siendo negativo y habrá todo menos entrega. Brotan las virtudes, la humildad, la pureza, pero alrevesadas; el respeto, pero orgulloso. En resumen, la falsa humildad, el puritanismo, será reprochado por la esencia humana. El inconsciente es más poderoso que todas las moralidades juntas. No propongo el hedonismo, anhelar ser Doran Gray ni Casanova; tampoco desnudarse tras cada excitación. Sólo, practicar la sexualidad. Quitarse las cadenas. Practicar la espiritualidad. Después, andaremos alegres. Libres, o más próximos a la libertad.

La sexualidad no necesita de títulos, nombramientos, reglamentaciones. Solamente se interesa en que exista amor. En ser un arte dentro del cual se practiquen principios como la comprensión, la confianza, la entrega, la honestidad. Es la reconciliación personal y con el placer. Es perdón. Es una práctica purísima ¿por qué limitarla cuando sea sano ejercerla? ¿Sólo es sano si es por siempre con el mismo hombre o mujer?

Mis agradecimientos para Nilda Chiaraviglio y Silvia Olmedo. Ustedes, desaparecen grilletes.

P.D. El orgasmo es una responsabilidad personalísima, no es el otro quien lo produce. Y si de casualidad crees en Dios, inclúyelo en la alcoba.

Por Gustavo Llorente

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Un comentario en “LIBERACIÓN SEXUAL

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